Avina y Ashoka

AVINA y Ashoka es el nombre de dos fundaciones ligadas al gran capital, al amianto y a los transgénicos. Se consideran juntas porque tienen entre ellas acuerdos fuertes de colaboración, financiación e intercambio de socios y colaboradores.

Al igual que otras organizaciones del gran capital (Bill y Melinda Gates, Rockefeller, Soros, USAID, etc.) quieren dos cosas: ampliar sus negocios y buscar legitimidad entre las mayorías de las poblaciones sometidas a sus intereses y extorsión.

Pero además cumplen otra función: la de penetrar a los movimientos sociales de resistencia, más o menos anticapitalistas y alternativos, para tratar de moldearlos. Como dice Pedro Prieto: “el capital trata de apropiarse de los movimientos ecologistas razonables, para reconvertirlos en domesticados capitalismos verdes o formas de negocio con el agotamiento del planeta”. Estas dos fundaciones son las más especializadas y relevantes en esta última tarea. De ahí la importancia de seguirles los pasos y no dejarlas seguir su extensión impunemente.

Se han centrado en España y Latinoamérica y, en cerca de quince años que llevan presentes en el estado español, han logrado infiltrase de una u otra manera en muchos de los movimientos sociales aludidos (hemos podido contabilizar hasta 16 organizaciones).

AVINA la fundó el magnate suizo Stephan Schmidheiny, que fue director de Nestlé, y que amasó su fortuna (junto a su familia) con la vida de muchos de sus trabajadores y familiares por la exposición al amianto (uralita como se le conoce por aquí), y por ello está condenado a 16 de cárcel por los 2.000 muertos que se le han achacado de sus fábricas en Italia (tenían otras en decenas de países). Era la multinacional Eternit que estuvo operando todo el siglo XX. Con esos fondos ensangrentados financian a sus socios y colaboradores. Uno de sus socios relevantes es Gustavo Grobocopatel, rey de la soja transgénica en Argentina.

Ashoka, de origen más disperso, tiene como firme aliado a la gran banca J.P. Morgan, controlada por la familia Rockefeller, que a su vez controla al banco de Santander (ver en Internet mi trabajo titulado “Botín” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=141136). En 2009 hizo un acuerdo de colaboración con la fundación Gates, accionista de Monsanto, para actuar en el mundo rural africano, que aunque “disfrazado de verde, se trata de un intento asesino de introducir en este continente semillas comerciales (y posteriormente transgénicas)”, según ha denunciado públicamente la Plataforma Rural, a pesar de que uno de los presidentes de esta plataforma ha sido (y quizás siga, porque ligan a sus financiados de por vida) miembro de Ashoka.

La manera de penetrar en los movimientos sociales es dando dinero y asesoramiento. Unas veces financiando encuentros, viajes, conferencias, campañas, etc. y en otros casos pagando directamente un sueldo durante tres años al menos, mes a mes, en torno a 1.500 €, al socio o emprendedor seleccionado. A cambio firman un contrato vitalicio, según afirma públicamente Ashoka, por el que los elegidos ceden los derechos de imagen de la persona cooptada y el grupo que representa. O sea, aprovechan el prestigio del grupo para obtener legitimidad y así hacer más digerible el trabajo mercantil de las multinacionales. Es muy llamativo el descaro con que operan, fruto de la hegemonía del neoliberalismo en el mundo. Dicen así, por boca de su máxima dirigente en España: “Los emprendedores sociales trabajan con esas poblaciones (los pobres) y su labor es acercar a la multinacional hasta ellas, mientras salvaguardan los intereses de éstas”.

Como hemos dicho, en nuestro país, han penetrado en muchos movimientos que cubren los temas de agua, banca ética, agroecología, las empresas sociales, las ONGs ambientales, etc. Como no hay agresión sin respuesta, la lucha mantenida en los últimos cinco años contra este fenómeno, ha culminado en 2012 con bastantes éxitos en España y en Latinoamérica, mostrándose un rechazo explícito y contundente a estas fundaciones (se puede consultar en Internet mi trabajo titulado “2012, un año clave en la lucha contra AVINA y Ashoka” )

En cuanto a la situación de los sectores que se pretenden de agroecología, Ashoka y AVINA han estado muy presentes. Ya hemos hablado de lo acontecido con la Plataforma Rural, pero hay que mencionar también a la red Calea, a la organización CIFAES, y a la Universidad Rural Paolo Freire. La primera la lidera una emprendedora Ashoka, Beatriz Fadón, y opera en Extremadura. Allí ha entrado en contacto y colaboración con distintos movimientos sociales alternativos durante los últimos años. En el caso de CIFAES, ésta ha obtenido financiación de AVINA para trabajar sobre semillas, y ha dado su nombre a Ashoka a cambio de la financiación facilitada a uno de sus miembros, seleccionado también como emprendedor Ashoka; y lo mismo ha ocurrido con la Universidad Rural Paolo Freire, que ha recibido financiación de AVINA y de Ashoka a cambio, también, de su nombre, de legitimidad en suma.

Ver en Internet mi trabajo llamado “ Semillas, multinacionales y Movimientos sociales”.

A raíz de su publicación, las cúpulas del movimiento agroecológico lanzaron contra mí el llamado “Manifiesto infinito”, que se puede consultar en Internet, y representa una reacción de las típicas denominadas de “matar al mensajero”.

Lo importante con estas personas y movimientos elegidos por Ashoka (CIFAES y Universidad Rural Paolo Freire, Red Calea) es que no han hecho el menor gesto de desvinculación, explicación y rechazo público alguno contra estas fundaciones, cuando durante el pasado año 2012 tuvieron muchas ocasiones de hacerlo. Esta última incluso hace explicita en su página web su vinculación a Ashoka. Ver: http://www.redcalea.org

En efecto, como decíamos, 2012 ha sido un año clave en la lucha contra estas fundaciones del gran capital, entre otras cosas porque se han tomado iniciativas concretas contra ellas y contra el presunto genocida Schmidheiny.

Una importante ha sido protagonizada por Ecologistas en Acción, que después de ciertas reticencias y subida al carro de “matar al mensajero” ha reaccionado favorablemente y ha promovido un manifiesto muy duro contra estas fundaciones que, para sorpresa de todos, lo han firmado 217 organizaciones de 23 países, especialmente de España y Latinoamérica; algunas de estas entidades, a su vez, eran coordinadoras de muchos otros grupos (caso de Amigos de la Tierra de toda Latinoamérica o la RENACE, coordinadora argentina de movimientos ecologistas).

Igualmente, los movimientos de víctimas del amianto (uralita en España) de todo el mundo han realizado una campaña contra el magnate Schmidheiny, fundador de AVINA, para declararlo persona non grata con vistas a la cumbre de Río+20, en donde había tomado posiciones, campaña también muy seguida. Y otras más.

Lo más grave en este asunto es que las organizaciones cooptadas por Avina y Ashoka ya mencionadas no han suscrito documento alguno de rechazo a estas fundaciones (ni de motu proprio lo han hecho), lo que muestra una vez más que los contratos con que se los vincula a los emprendedores seleccionados son fuertes e impiden cualquier disidencia o muestra pública de carácter crítico. Es más los personajes elegidos y favorecidos siempre hablan bien en público de estas fundaciones, aunque profesen ideas alternativas. Otro caso llamativo ha sido el de Greenpeace España, que después de expulsar a su Directora, proveniente de MarViva-AVINA, no ha firmado ninguno de los manifiestos contra las fundaciones, cosa que sí ha hecho su homóloga de Argentina.

A pesar de los éxitos de este pasado 2102, AVINA y Ashoka siguen operando, es su naturaleza, como el escorpión no pueden dejar de picar a la rana que los transporta de una orilla a otra. Son el lobby oculto que agujerea a los movimientos sociales como si fuesen un queso de Gruyère. Por eso la actitud de estos movimientos, una vez advertidos, es expulsar a estas fundaciones lo que significa no tener ningún contacto, ni financiación, ni nada de nada, solo hacer la denuncia de sus verdaderos propósitos. Y los antiguos colegas (personas y grupos) y a las organizaciones infiltrados por estas fundaciones hay que exigirles reparaciones y desvinculaciones públicas, si aún no lo han hecho. Si no, el polvo mortal del amianto los acompañará por donde vayan.

Como dice el GRR, en la cita que abre este escrito, estas fundaciones son el enemigo de la Madre Tierra y de las poblaciones oprimidas, por ello hay que rechazar los cantos de sirena que emiten con el gancho de la economía social y verde y con el color del dinero.

“En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario” . (George Orwell)

… Aunque caiga el mensajero en el intento.