El principio de precaución alimentaria

El Principio de Precaución es un instrumento de interpretación legal que viene siendo utilizado desde hace algunos años para adoptar decisiones de emergencia ante situaciones de inseguridad. Se empezó a utilizar para ámbitos medioambientales y sanitarios y se ha ido extendiendo al sector agroalimentario.

Se trata de un principio de interpretación jurídica y actuación administrativa, mediante el cual se legitiman ciertas decisiones de las autoridades para establecer excepciones a la legislación limitando derechos e intereses a las empresas, explotaciones o ciudadanos. En virtud de este principio, no es necesario disponer de la prueba de nocividad de un producto o del peligro de una instalación para adoptar las medidas oportunas para prevenir los correspondientes riesgos. Su objetivo es evitar que la incertidumbre científica pueda servir para justfficar la inacción de las autoridades responsables ante determinados riesgos o peligros.

La esencia de este principio en el terreno alimentario consiste en que no debe esperarse a tomar medidas para evitar o prevenir un perjuicio grave e irreversible hasta que se disponga de evidencia científica concluyente, ya que por aquel entonces podría ser demasiado tarde.

Se trata de un instrumento excepcional de aplicación esencialmente restrictiva. Para que pueda ser válidamente aplicado en nuestro ordenamiento legal es precisa una situación de incertidumbre y que, de esa situación, se derive un riesgo grave para el medio ambiente o la salud del consumidor. Dicha situación de incertidumbre debe estar acreditada y constatada por la Administración. Aunque no existe unanimidad sobre la tercera condición (la urgencia), ésta es inherente a la aplicación del principio de precaución.

La utilización de este principio se encuentra sometida a dos limitaciones: Por un lado, la dimensión de las medidas que se pretendan adoptar deben ser proporcionadas a la magnitud e inminencia del riesgo y las consecuencias que ocasionan. Por otro, deben tener una vigencia temporal que no sea de mayor duración que la propia situación de incertidumbre.

El principio de precaución puede aplicarse de modo activo o pasivo. La aplicación activa es la que se lleva a cabo al adoptar determinadas medidas preventivas en relación a un riesgo potencial y en ausencia de certeza científica o técnica. La aplicación pasiva o negativa consiste en condicionar la autorización de nuevos productos alimenticios, en especial la inclusión de aditivos alimentarios en las listas positivas donde se prueba científicamente su inocuidad.

 

Información alimentaria

Desde el punto de vista de la salud pública, es importante adaptar rápidamente la legislación para tener en cuenta los factores de riesgo que puedan surgir. No obstante, se demuestra día a día que no hay suficientes instrumentos para responder al acelerado ritmo de innovación y al volumen creciente de conocimientos científicos y, cuando los hay, la industria agroquímica y las empresas multinacionales presionan para que prevalezcan sus intereses por encima de la salud pública, la seguridad alimentaria y los derechos humanos. También existen los llamados “usos esenciales”, que permiten seguir utilizando sustancias de probada peligrosidad, argumentando que no existe otra forma de resolver el problema. La dificultad probatoria entre la causa y su efecto facilita que las empresas esquiven su responsabilidad cuando causan daños reales.

A pesar de ser un instrumento legal directamente aplicable, la UE no utiliza el principio de precaución para proteger a l@s ciudadan@s y al medio ambiente. En relación con los pesticidas y su programa de revisión, nuevamente se ha ido aplazando, en beneficio de la industria química. No se prohíben las sustancias peligrosas, cuyos daños han sido probados. No se suspenden sustancias sobre las que, habiendo estudios que señalan su peligrosidad, no se ha demostrado su inocuidad, contradiciendo así el propio principio de precaución. Ejemplo: Los transgénicos.

 

Fuentes:

– Alicia de León: “Derechos de los Consumidores y Usuarios” (Doctrina, normativa, jurisprudencia, formularios) Ed. Tiran de Blanch, 2ª Edicion, 2007.

– La Unión Europea como agente del desorden alimentario global. Pilar Galindo. Rescoldos nº21, Revista de Dialogo Social.

– “El principio de precaución Alimentaria”. Víctor Manteca. Revista Distribución y Consumo Noviembre- Diciembre 2007, Ed. MERCASA.

Rocío de Llobet Hernández

 

 

Grupo de Estudios de Consumo Responsable Agroecologico (GEA)