Grasas “trans”. Negocio para la industria y enfermedad para las personas.

En la Unión Europea 1 de cada 3 personas no sabe lo que son las grasas “trans” (GT) aunque estas grasas se emplean en aceite para freír de uso industrial, margarinas, galletas, pastelería y bollería industrial, patatas fritas, palomitas de maíz y otros snacks, platos precocinados, sopas y salsas de sobre, comida basura, etc. Desde la década de 1950 se emplean profusamente en frituras de restaurantes y en alimentos industriales de apariencia y sabor suculento que precisan someterse, horneados o fritos, a altas temperaturas.

Las grasas “trans” son un tipo de grasa insaturada que puede encontrarse en pequeñas cantidades (2%) en alimentos obtenidos de rumiantes y en ciertos alimentos vegetales, pero la mayoría de las que ingerimos son de producción industrial; se fabrican mediante hidrogenación de grasas vegetales líquidas. Su expansión se debe a que favorecen frescura, textura y estabilidad de un producto alimentario industrial y son más baratas que las grasas naturales de origen vegetal o animal.

Estas grasas no son inocuas: un consumo por encima del 2% de la cantidad total de calorías eleva el riesgo de enfermedad coronaria en un 23% y causan infertilidad, endometriosis, cálculos biliares, diabetes, alzhéimer, obesidad y algunos tipos de cáncer. Sólo en enfermedades cardiovasculares en la UE son responsables de unos 660.000 fallecimientos al año, equivalentes al 14 % de la mortalidad total.

El abuso de GT por parte de la industria alimentaria no afecta a todos por igual. Los alimentos producidos industrialmente más baratos son consumidos, sobre todo, por las familias con menos ingresos, por lo que sus daños se ceban con la población más pobre.

Desde 2003 la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que no superen el 1% de la ingesta total de energía diaria.  El etiquetado nutricional de GT es obligatorio en EEUU desde 2006. En la Unión Europea aún no hay regulación, aunque 4 estados miembro (Dinamarca-2003, Austria-2009, Hungría-2013 y Letonia-2015) han puesto límite legal a la presencia de GT en alimentación. Otros 11 (Bélgica, Alemania, Países Bajos, Polonia, el Reino Unido, Grecia, Bulgaria, Malta, Eslovaquia, Finlandia y Suecia) han aprobado medidas voluntarias de etiquetado o recogen recomendaciones dietéticas en sus planes nutricionales nacionales. España ni lo uno ni lo otro.

El 26 de octubre, el Parlamento Europeo acordó mayoritariamente establecer, en 2 años, un límite obligatorio a las GT de producción industrial (586 votos a favor, 19 en contra y 38 abstenciones), inclinándose por esta medida en lugar de etiquetado obligatorio o recomendaciones nutricionales, basándose en la reducción de mortalidad por infarto en Dinamarca -tras 13 años de aplicación de una norma  que permite, en la producción alimentaria, un máximo de 2 gr de GT cada 100 gr de grasa – y en un informe de la Comisión Europea de diciembre de 2015.

El acuerdo, 13 años después de la recomendación de la OMS, da a la Comisión Europea 2 años más de plazo, pide una evaluación del impacto económico en la industria, admite trasladar el coste de su aplicación a los consumidores y no exige a la industria asumir el coste de las enfermedades que ha provocado ni pagar por las muertes que ha producido.

Este acuerdo no es para felicitarse sino para forzar a nuestro gobierno a seguir los pasos de Dinamarca regulando el uso de GT para reducir los infartos y rebajar la tasa de obesidad infantil española (30%) que triplica la danesa (9%).

Más información: Texto aprobado en el Parlamento Europeo (26/10/2016)