Gripe porcina: ¿Alerta sanitaria o alarma social?

La pandemia de gripe porcina de 2009, tuvo su origen en una modalidad de virus del tipo H1N1. Esta gripe se denominó “porcina” por proceder de granjas mejicanas de cerdos propiedad de la multinacional estadounidense Carroll.

Posteriormente, las autoridades decidieron llamarle gripe A para no perjudicar a dicha industria. Entre abril y agosto de 2009, el virus se propagó por 177 países de los cinco continentes, contagiando a más de 200.000 personas con una tasa media de mortalidad (virulencia del virus) del 1%.

Gripe estacional
Tras finalizar el invierno en el Hemisferio Sur, la OMS informó que la gripe porcina se propagaba rápidamente y con baja virulencia, aunque su futura evolución no es totalmente previsible.

La mayoría de los datos procedían de países con buenos servicios de salud, en los que los pacientes presentan síntomas leves y recuperación plena, incluso sin atención médica. Pero el impacto puede ser más grave en países con sistemas de salud frágiles y sobrecargados por sida, malaria, tuberculosis, diarreas y desnutrición, con más dificultades para gestionar una nueva epidemia. Embarazadas y personas con enfermedades crónicas o sistema inmunológico debilitado, si se contagian, corren riesgo de enfermedad grave e, incluso, fatal.

En el Hemisferio Norte, donde se encuentra el Estado Español, la gripe estacional pudo adelantarse al inicio de la campaña escolar y afectar a la tercera parte de la población. La llegada del invierno presentaba riesgos difícilmente predecibles por la posibilidad del encuentro y recombinación del virus de la gripe estacional-porcina H1N1, con el virus de la gripe aviar H5N1, cuyos rasgos son: contagio lento (en los últimos 6 años ha afectado solamente a 438 personas) y alta virulenta (ha matado a 262, el 60% de los contagiados). Las posibilidades de influencia mutua de ambos virus se mueven entre dos extremos. En el escenario menos peligroso, que afortunadamente fue el que sucedió, la cepa resultante presentaría la baja mortalidad de la gripe porcina y la baja velocidad de transmisión de la gripe aviar. Por eso, la epidemia tuvo efectos muy leves. Pero, en el escenario más negativo, presentaría la virulencia de la gripe aviar y la velocidad de contagio de la gripe porcina. Esta hipótesis, en el escenario europeo con 500 millones de habitantes y un 30% de contagios, arrojaría 75 millones de muertos. Entre el escenario optimista y el pesimista, caben todo tipo de proporciones, según los imprevisibles intercambios de material genético entre ambos virus.

Alerta sanitaria
Las autoridades deben trabajar considerando todos los escenarios. Tener en cuenta el peor, no lo presupone como el más probable. Quien lo haga actúa de forma alarmista porque no se dan condiciones para la alarma social.

Alarma social
Sin embargo, el problema presenta otros perfiles. El virus H1N1, al igual que el H5N1, tiene su origen en explotaciones porcinas y avícolas donde se hacinan miles de animales con sistema inmunológico debilitado por las deplorables condiciones de su alimentación, higiene, medicación y estrés. Estas granjas son caldo de cultivo para la proliferación y recombinación de los virus, que se transmiten a los seres humanos.

En este modelo de producción industrializada y mercantilizada de carne y huevos radica la amenaza que se abate sobre la población. Esto sí es motivo de alarma social.

A partir de 2003, con el contagio a humanos del virus de la gripe aviar H5N1, originado en granjas industriales avícolas, todas las autoridades sanitarias del mundo estaban esperando ALGO. Desde 2003 ya se sabía que la gripe porcina crecía por el aumento de tamaño de los criaderos industriales y el uso generalizado de vacunas en ellos. La FAO advierte de ello en sus informes [1].

Sin embargo, los políticos no hicieron NADA, porque hacer algo para proteger la salud de la población implica poner coto al afán de lucro de las multinacionales alimentarias y farmacéuticas. La crisis sanitarias y alimentarias son producto de la subordinación de las instituciones políticas al poder de las multinacionales. La enfermedades alimentarias no crean la crisis de la alimentación globalizada, sino que estimulan el mercado de alimentos funcionales, medicamentos y vacunas. Pero la situación está llegando demasiado lejos. Ante la envergadura de las amenazas, que si no verifican hoy los peores escenarios, lo harán mañana, es necesario que agricultores y consumidores responsables organicemos un movimiento en defensa de la seguridad y la soberanía alimentaria que ponga fin a tanta impunidad.

[1]- Ver “Gripe, cerdos y globalización alimentaria”. y en particular las notas 11 y 12 de dicho artículo.