Gripe, vacunas y globalización alimentaria

Novartis nos enferma. Novartis nos cura. Alabado sea Novartis.

La Comisión Europea autorizó –tras la luz verde de la “Agencia Europea del medicamento”- la venta de dos vacunas contra el virus de la gripe porcina (denominada Gripe A) que colonizó la gripe estacional del invierno 2009/2010. Estos medicamentos son “Focetria” de Novartis y “Pandemrisk” de GlaxoSmithKline.

El Ministerio de Sanidad Español encargó a estos laboratorios 18 millones de dosis, ampliables a 27 millones para vacunar, al menos, al 40% de la población. Estas vacunas, en una primera etapa, se distribuyeron por las autoridades sanitarias entre los grupos de riesgo: embarazadas, enfermos crónicos, personal sanitario y de primeros auxilios. La Agencia Europea del Medicamento propone vacunar en dos dosis, separadas por 21 días. El Ministerio de Sanidad asegura que esta vacuna produce efectos secundarios tan leves como la de años anteriores y una reacción inmunológica suficiente. En Noviembre se conocerán los resultados de una nueva oleada de pruebas de la vacuna a un colectivo de 9.000 personas.

Muchas de las personas con enfermedades crónicas, incluidas las embarazadas, deben su enfermedad a Novartis que es una multinacional química y farmacéutica. Esta empresa ocupa el primer lugar en la investigación, producción y comercialización de semillas transgénicas, plaguicidas y zoosanitarios. Su imagen pública aparece vinculada a los productos farmacéuticos. Sin embargo, oculta tras la marca “Syngenta”, que se ocupa de la división agroquímica, es responsable de la producción de soja transgénica para las granjas industriales donde se generan epidemias alimentarias (“vacas locas”, gripe aviar y la actual gripe porcina).

A los gobiernos, no parece preocuparles que la solución de las enfermedades alimentarias venga de la mano de los causantes de tales enfermedades. Para ellos, lo importante es la “libertad de empresa” y tan benefactor es el comercio mundial de alimentos como la producción masiva de vacunas. A estos gobiernos también les votamos las personas obesas, infartadas, hipertensas, diabéticas, asmáticas, alérgicas y enfermas de cáncer, es decir, las víctimas de las multinacionales que primero hacen negocio convirtiéndonos en enfermos, a veces crónicos, y después lo vuelven a hacer “curándonos” con sus medicamentos.

Si nos comportamos así, ¿tenemos derecho a quejarnos?

¡Qué dios nos ampare!