La Europa del euro y la seguridad alimentaria

La Política Agraria Común (PAC) es una de las políticas europeas en la que los gobiernos han cedido soberanía y constituido un mercado único. Pero esta política favorece la producción para la exportación y propicia una agricultura sometida a la competitividad, lo que elimina a las explotaciones familiares, precariza el trabajo en el campo y favorece la concentración del sector agroalimentario. Las multinacionales agroalimentarias se enriquecen convirtiendo a l@s agricultor@s en meros instrumentos y manipulan a l@s consumidor@s para que sustituyan hábitos alimentarios saludables por comida basura.

De puertas adentro, la política alimentaria de la UE, incardinada en la moneda única -el euro-, es enemiga de los derechos humanos, entre los cuales destaca el derecho a una alimentación sana y suficiente. Paralelamente, los derechos económicos y sociales también están siendo eliminados para sectores crecientes de la población. De puertas a fuera, la UE comercializa sus excedentes de alimentos industrializados para “ayudar” a  l@s hambrient@s del tercer mundo y coloniza territorios de países dependientes para que nuestras multinacionales hagan negocio, arruinando las redes autóctonas de producción, expulsando a los campesinos de sus tierras y generando movimientos migratorios, con el beneplácito de los gobiernos receptores, agradecidos por ayudarles en su modernización.

Ahora, las maniobras especulativas del gran capital contra los países del euro chantajean a los gobiernos para que aceleren el desmontaje de todas las barreras de protección social y medio ambiental que se oponen a la libertad de movimientos de los inversores. En el terreno alimentario esto supone una radicalización de las políticas descritas más arriba y un incremento de la inseguridad. Para la mayoría de la humanidad implica, directamente, más hambre.

El euro ha servido para aumentar la precariedad, las hipotecas y las enfermedades alimentarias. La inseguridad alimentaria causada por la UE se manifiesta en los países pobres (hambre y desnutrición) pero también en los países ricos (comida basura, malos hábitos alimentarios, obesidad y otras enfermedades alimentarias). Por eso es irracional especializarnos en la soberanía alimentaria, dejando la seguridad alimentaria en manos de los gobiernos globalizadores. Defender la seguridad y la soberanía alimentaria exige romper con la PAC y el proyecto del gran capital europeo. Esto significa impulsar el consumo responsable sin el que la producción agroecológica solo tiene como destino la exportación o las grandes superficies.