Miles de campesinos indios se suicidan tras haber utilizado semillas transgénicas en sus campos

En la década de los 80 la India vivió la denominada “Revolución Verde” que supuso la entrada masiva de fertilizantes y pesticidas en el país bajo el supuesto de que terminarían con el problema de la hambruna y la extrema pobreza de los años posteriores a la independencia.

A millones de campesinos se les prometió que recogerían grandes cosechas si dejaban de cultivar con semillas tradicionales y en su lugar plantaban semillas genéticamente modificadas (GM). Para iniciar esa milagrosa mejora, debían adquirir estas semillas al precio de aproximadamente 15€ por 100 gramos, mil veces más que el precio de las semillas tradicionales. Los vendedores de semillas GMy los funcionarios del gobierno iniciaron una fuerte campaña para explicar a los campesinos que, pese a su mayor precio, estas nuevas semillas les producirían cosechas libres de parásitos e insectos.

Además, para forzar la promoción de las GM, en muchos bancos de semillas del gobierno se prohibió la venta de las variedades tradicionales. A cambio de permitir la entrada en el país a multinacionales biotecnológicas como Monsanto para que vendieran sus semillas GM, el Fondo Monetario Internacional concedió préstamos al gobierno indio para promover una renovación  económica.

En India los campesinos producían antes mucha más variedad que ahora (maíz, lentejas, plantas leguminosas, semillas oleaginosas y verduras). Tras la entrada de las semillas GM, se introdujo una variedad denominada Algodón BT creada por Monsanto, forzando a muchas familias al monocultivo. Han  generado “cultivos que necesitan de muchas sustancias químicas, fertilizantes, sistemas de riego y se tienen que comprar constantemente semillas. Esto aumenta mucho el costo de la cosecha, que se acaba perdiendo o vendiéndose a precios que no compensan”, explica Vandana Shiva, activista y ecologista india.

En el pasado, cuando las cosechas fracasaban, los campesinos podían salvar las semillas para plantarlas al año siguiente. Pero las semillas GM contienen la denominada “tecnología del exterminio”, es decir, han sido modificadas para que las cosechas no produzcan semillas aprovechables y así provocar que cada año tengan que comprarse nuevas semillas.

Esta situación ha provocado que los campesinos, desesperados ante una situación de endeudamiento y deterioro de sus tierras, ingieran insecticidas químicos para suicidarse. El Ministerio de Agricultura de India reconoce que entre 1993 y 2006 hubo alrededor de 150.000 suicidios de campesinos, cifra que hoy en día sigue en aumento.

Este hecho está provocando que las mujeres de los campesinos se vean avocadas a hacer frente a las deudas desorbitadas trabajando los campos de otros y renunciando a llevar a sus hijos e hijas a la escuela. Se habla de más de 100.000 viudas y familias desamparadas.

Frente a esta grave situación, algunos campesinos están organizando protestas masivas llegando a retener a los distribuidores de semillas GM. Hasta el momento el gobierno de un estado indio ha iniciado acciones legales contra Monsanto por los costes desorbitados de las semillas. En palabras de Vandana Shiva la única salida es “promover la agricultura orgánica y preservar las semillas no transgénicas”.

Declarar zonas libres de transgénicos en Europa no es suficiente y en cierto sentido facilita el saqueo de Monsanto en otras partes del mundo, más vulnerables. Es necesario reclamar su prohibición total. El genocidio de las semillas transgénicas.