agroecologia amenazada por las multinacionales 2

Multinacionales vs. Agroecología: lucha por la soberanía alimentaria.

¿Por qué en 2019 seguimos recordando la matanza de 19 campesinos sin tierras en el año 1996? ¿Qué significado tiene? 

Este hecho es el mejor reflejo de la crisis del orden alimentario internacional, cuya principal causa es su propia estructura. El imperio de las multinacionales frente a la soberanía alimentaria llega hasta el extremo de recurrir a la violencia para extinguir las voces disidentes, que no piden otra cosa más allá del acceso a una alimentación saludable y sostenible para todos y poder de decisión de las comunidades sobre la producción y el consumo de alimentos. 

Esto, que nos puede parecer amparado por la lógica, también lo está por los organismos internacionales. El derecho a la alimentación se encuentra entre los derechos fundamentales regulados y protegidos por la ONU. Además, recientemente se ha marcado un hito al aceptar la “Declaración de derechos de los campesinos y otras personas que trabajan en zonas rurales” por parte de su Asamblea General. Como vemos, la normativa internacional protege los alimentos por encima de su consideración como mercancías. Pero entonces ¿por qué se sigue permitiendo la producción a gran escala y el consumo irresponsable que atentan contra nuestros derechos?

Los alimentos no deben ser tratados como mercancías

Nuestros derechos se convierten en papel mojado porque por encima de todo manda la libertad de empresa. Producir de manera que la rentabilidad sea lo único a tener en cuenta –ni la salud, ni el cambio climático, ni la naturaleza– por desgracia es la norma a día de hoy. Para legitimarlo nos bombardean con la idea de que hay que producir más y más. Y sin embargo no nos cuentan que se está tirando el 30% de la comida. Con lo cual la forma de producir “más eficiente” quizás no lo sea tanto. Pero lo que nos parece más grave todavía, por culpa de este sistema 800 millones de personas están pasando hambre y otros 2 mil millones padecen sobrepeso, obesidad y otras enfermedades asociadas al exceso y la toxicidad. 

Si continuamos con este sistema seguiremos expuestos a la inseguridad alimentaria y al cambio climático. No obstante hay quien defiende que solo la industrialización es capaz de alimentar a toda la población. Está claro que lo hacen con desconocimiento evidente de lo que acabamos de contar. Ante la actual forma de producción enfermante se alza la agroecología.

El libre comercio arruina las formas tradicionales de producción campesina. Arrasa con el bienestar y salud de personas y naturaleza.

La agroecología es mucho más que el cultivo de alimentos sanos sin pesticidas. Tiene un enfoque holístico que inscribe la alimentación en un proceso mucho mayor concienciado con la naturaleza. Su propuesta son sistemas alimentarios agroecológicos de economía circular que tiendan a residuos cero para así revertir los daños de la globalización alimentaria. Es decir, el proceso contrario a lo que vivimos. Apuesta por una producción que cultive a favor de la naturaleza, basada en los conocimientos agroganaderos tradicionales y la investigación. Además, trabaja los residuos y la fertilización del suelo de forma armónica a través del compostaje. Los residuos procedentes de la producción vuelven a la tierra para evitar la erosión del suelo y la contaminación de las aguas.

Una alternativa que aparentemente soluciona muchos de los problemas que tenemos encuentra sin embargo muchos obstáculos para abrirse camino. Lo primero a destacar es que el mercado de la alimentación sin químicos –dado el creciente interés que despierta en la población– esta siendo penetrado por los grandes capitales. De esta forma, se cuenta con todos los elementos que devuelven a la alimentación su carácter de mercancía y no de derecho fundamental: distribución globalizada, grandes inversiones, eliminación de las formas campesinas y precarización del trabajo que cultiva esas tierras. Así, la salud de las personas mejora, pero la del planeta no. Mantendríamos la parte más negativa del desorden alimentario. Por otro lado, encontramos la debilidad de conocimientos en agroecología de la población, de los políticos, de los técnicos e incluso de los propios consumidores de ecológico. Según las estadísticas, el 40% de la población afirma consumir ecológico una vez al mes, pero a diario solo lo hacen el 3%. Los que están en el bando contrario tienen miedo a perder la batalla y no paran de lanzar ataques despiadados para provocar confusión. Afirman que la agroecología es un bulo sin rigor científico, intentado que la población desconfíe de quienes le cuentan la verdad. Yendo más lejos, las investigaciones que avalan la agricultura industrializada están siendo pagadas por las empresas que se benefician de sus resultados. Mientras que las investigaciones realizadas de forma autónoma o pública, comparando la alimentación convencional con la ecológica, muestran cómo esta ultima es más sana y tiene más nutrientes. 

Con esto último como garantía, afirmamos que la agroecología y el consumo responsable autogestionado y cooperativo está lejos de ser una moda. Ha llegado para quedarse y concienciar de que debemos tomar en conjunto los efectos de nuestra forma de producir y distribuir los alimentos para velar por el bienestar de las personas y del planeta. 

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