Semana sin pesticidas: 20 al 30 de marzo. Pásate a la alimentación ecológica

Según la Organización Mundial de la Salud los plaguicidas matan, cada año, a 220.000 personas, sin contar con el creciente número de personas afectadas por sensibilidad a los tóxicos (Sindrome Químico Múltiple, Fatiga Crónica, Fibromialgia y otros síndromes autoinmunes) que les conminan a una vida con enormes limitaciones y sufrimientos. Desde 2006 se realiza una campaña internacional “Semana sin pesticidas”, originalmente impulsada por la organización francesa Génération Futures. Entre los días 20 y 30 de marzo, coincidiendo con el comienzo de la primavera, esta campaña alerta sobre los daños para la salud y el medio ambiente que suponen estos productos y promueve alternativas saludables a los agrotóxicos. En el año 2014 participan más de 400 organizaciones en casi veinte países participantes.

Los plaguicidas de síntesis química representan un peligro para la salud y el ambiente que se manifiesta no sólo en efectos tóxicos a corto plazo, y que son la base de las leyendas de precaución que contienen las etiquetas, sino en efectos crónicos de los cuales poco se advierte a trabajador@s y consumidor@s. Las consecuencias en la salud humana y el ecosistema por la introducción de los pesticidas dan un rango principal a esta dimensión de la agricultura industrial, hasta el punto de que puede parecer que eliminando los químicos se resuelven todos los problemas asociados a este modelo de producción, distribución y consumo de alimentos.

A principios de los noventa, se conocían perfectamente que los daños por exposición a pesticidas afectan no sólo a las personas que los aplican en el campo y en la desinfección de edificios, sino también al resto de trabajador@s expuest@s, sus familias, vecin@s y población en general, incluidos l@s hij@s engendrad@s con posterioridad al contacto o ingesta del pesticida. También se conocía que son especialmente sensibles bebes, niñ@s, adolescentes, ancian@s, enferm@s, mujeres y madres gestantes o expuestas un tiempo antes de la gestación y progenitores masculinos. Los daños se producen incluso en dosis inferiores a las autorizadas.

Los factores que agravan el riesgo tienen que ver con las condiciones físicas de la persona: etapas cruciales en el desarrollo hormonal, una mayor ingesta en proporción al peso (en la infancia, sobre todo en los más pequeños), estado de debilidad o enfermedad previo; pero también con el uso prolongado de un número cada vez mayor, en cantidad y diversidad, de sustancias pesticidas a lo ancho del planeta y durante más de 50 años, cuya extensión y acumulación en agua, aire, suelo y tejidos grasos de animales y seres humanos, constituye una situación de contaminación generalizada a la que se aportan nuevas emisiones cada año y en un nivel creciente.

Estos conocimientos no han hecho que se prohíba su uso. Ni siquiera, que se revisen las dosis autorizadas porque muchos de estos tóxicos actúan como disruptores endocrinos en cantidades muy inferiores a los límites máximos recomendados.

Las multinacionales del agronegocio siguen controlando a los políticos que mantienen una legislación favorable a los intereses de las empresas agro-químico-biotecnológicas y no a favor de la protección de la salud de las personas, los animales y la naturaleza.

La Garbancita Ecológica nos sumamos a esta campaña advirtiendo que los agrotóxicos forman parte del paquete tecnológico de una alimentación industrializada, mercantilizada y globalizada cuyo objetivo principal es dar beneficios a las multinacionales del agronegocio y no proporcionar alimentos sanos y suficientes para la población.

El desarrollo de la agricultura industrial ha producido los transgénicos como un resultado inevitable. Aparentando superar los problemas creados por la agricultura industrial, los alimentos transgénicos son una “solución” orientada radicalmente al aumento de la productividad que se presenta como la solución al hambre en el mundo. Sin embargo, lo que atenta contra la seguridad alimentaria es la dificultad de acceso, cuando no el robo o la expropiación a l@s campesinos, a recursos productivos como la tierra, el agua, las semillas y otros medios de producción. A su vez, la industrialización y modernización de la agricultura y la alimentación a promovido el despliegue de los alimentos procesados, atiborrados de químicos para su conservación que nos enferman más que alimentarnos. En definitiva, lo que atenta contra la seguridad alimentaria es la libertad de movimiento de las multinacionales. Los transgénicos agudizan los problemas que prometen resolver: abuso de agroquímicos, crecimiento de plagas, resistencia a los productos que combaten las plagas, aumento de la contaminación de aguas y suelos, pérdida de fertilidad de la tierra, menores rendimientos de los cultivos. Acrecientan la incapacidad de los agricultores para resolver sus problemas “técnicos” y, con ello, su dependencia del “agronegocio”.

La concepción de “química” y “transgénica” como formas -anterior y posterior- de la misma agricultura y alimentación industrial, en su proceso de desarrollo del mercado global, permite identificar mejor los problemas de la agricultura y alimentación actual y la necesidad de abordarlos desde perspectivas agroecológicas:

  • Tendencialmente independientes de la tecnología de las multinacionales;
  • que incorporan los conocimientos campesinos tradicionales;
  • más accesibles a l@s pequeñ@s agricultor@s y campesin@s pobres y;
  • basadas en el diálogo con la naturaleza, la seguridad y la soberanía alimentarias de toda la población.

 

No podemos enfrentar la problemática de los transgénicos al margen de la agricultura química. Tampoco podemos impulsar una agricultura respetuosa, responsable, ecológica y agroecológica, sin plantar cara a los problemas de la alimentación industrializada. Por último, no hay forma de desarrollar la agroecología familiar, al margen de las multinacionales, sin crear sus condiciones de posibilidad: entre otras, un movimiento de consumidor@s conscientes y formas de comercialización y consumo apropiadas para una producción agroecológica digna de ese nombre.

En la Garbancita Ecológica estamos apostando por ello no sólo en la “Semana sin pesticidas” sino todo el año. Pero no podemos conseguirlo sin tu colaboración. Pásate a conocernos y te ayudaremos a variar tus hábitos alimentarios apostando progresivamente por una alimentación ecológica de temporada y, andando el tiempo, incluso, vegetariana. La naturaleza, los animales y tu cuerpo te lo agradecerán.

Pilar Galindo