Las ONGs y la lucha contra el hambre. Campaña: Lucha contra el hambre. 13ª Entrega.

DEL COLONIALISMO AL NEOCOLONIALISMO. TERCERMUNDISMO, ANTIIMPERIALISMO Y ONG’S

Desde comienzo del siglo XX dos corrientes de pensamiento van a interesarse por los territorios y los pueblos, aún bajo control de los países coloniales (metrópolis).

Por un lado una sensibilidad religiosa, alimentada por misioneros que aspiran a transmitir el progreso técnico a quienes son más pobres. Estos misioneros añaden a su vocación evangelizadora una función de apoyo a la administración (enseñanza). Sin embargo, su compromiso no impugna las políticas conservadoras pro-coloniales.

Por otro lado, las corrientes políticas agrupadas en torno a la lucha anticolonial. Aunque, ancladas en la izquierda, estas corrientes se desmarcan de la izquierda clásica que en los países coloniales y por emulación en los países dependientes, piensan que el combate principal debe ser contra el sistema capitalista. Desde esta óptica, los pueblos de las colonias no constituyen una apuesta primordial: se beneficiarán, a través de la integración política, de los progresos sociales conseguidos en Europa. Los Frentes Populares europeos fracasarán, así, en sus relaciones con los Movimientos de Liberación Nacional. La postura en favor del libre derecho de autodeterminación de los pueblos colonizados tiene pocos seguidores.

La denominación “Organizaciones no Gubernamentales” surge del vocabulario de las Naciones Unidas. Su campo de actuación va desde la protección de la naturaleza, la educación para la paz y la defensa del consumidor hasta las asociaciones preocupadas por el desarrollo y las relaciones con el tercer mundo.

Para asistir a una notable evolución de una parte de la opinión a favor de los pobres, hay que esperar en plena “Guerra Fría”, a diversos acontecimientos en los años cincuenta, como son: a) el traumatismo provocado por las guerras populares revolucionarias y por la independencia de Indochina y Argelia que significaron el principio del fin del colonialismo y preludio de la oleada independentista africana, b) nacimiento del “Movimiento de los No Alineados” (MNOAL) en la conferencia de Bandung (Indonesia) en abril de 1955.

“El Movimiento de los No Alineados” no aparecía como un término medio entre capitalismo y socialismo o una supuesta tercera vía de desarrollo, tampoco como un bloque de países enfrentados a los dos bloques existentes. No se sitúa en el centro de la lucha de clases a escala mundial. Sin embargo, frente a las contradicciones principales del mundo contemporáneo, se define por la independencia de los pueblos y por la lucha contra la explotación practicada por la burguesía imperialista sobre los dos tercios de la humanidad. El no alineamiento es una visión global de las relaciones internacionales en el ámbito político, militar, económico y cultural para el conjunto de países dependientes y proporciona una política de estado para relacionarse con otros estados. La historia del no alineamiento oscila entre la ruptura necesaria y la negociación realista. Sus cumbres son las dos cosas al mismo tiempo: una tribuna para las nuevas burguesías del tercer mundo y un foro donde se escucha el grito de los pueblos oprimidos. Desde su primera conferencia conformada por 29 estados ha pasado a 180 en la actualidad.

En este contexto nacen los comités para la “Campaña Mundial Contra el Hambre” apadrinados por la FAO y posteriormente los “Comités Católicos contra el Hambre” impulsados por la Iglesia Católica a través de la encíclica “Mater et Magistra” de 1961. Las principales ONGs nacieron en el transcurso de esta década. La publicación, a partir de 1961, de la revista mensual de inspiración cristiana “croissance de jeunes nations” (Crecimiento de las Naciones), así como la creación de nuevas ONG sin referencias confesionales, van a aumentar la sensibilización de la opinión pública de los países coloniales, respecto a la situación de subdesarrollo de los pueblos y las naciones, previamente empobrecidas y esquilmadas por sus propios gobiernos.

Las imágenes de niños famélicos sobre fondos de tierra seca permiten recoger importantes sumas de dinero, especialmente entre las clases medias recientemente urbanizadas y, por ello, menos ligadas a las parroquias. La utilización de estas imágenes refuerza la percepción fatalista y demográfica del hambre, ya muy arraigada en la mentalidad urbana. Según este esquema parece imponerse una doble política: el hambre sólo puede remediarse mediante el envío de ayuda alimentaria y la limitación de nacimientos. La toma de conciencia no supera el estadio psicológico individual y no se cuestiona el modelo de desarrollo de los países industrializados. El paternalismo, la culpabilidad y los microproyectos seguirán siendo los sentimientos y actuaciones predominantes incluso en la izquierda.

Por el contrario, la corriente nacida en apoyo a los movimientos de liberación, inscribe su práctica en un contexto político. El apoyo a los frentes de liberación y, muy en particular, a los combatientes vietnamitas contra Francia y Estados Unidos, va acompañado de una denuncia de las potencias imperialistas. Cristianos de izquierda, antiimperialistas y tercermundistas van a actuar durante años, paralelamente, sin puntos de contacto. Las organizaciones tercermundistas desconfían de los militantes políticos, casi siempre jóvenes, muy dispuestos a utilizar en sus discursos los términos acabados en “ismo” (capitalismo, imperialismo), mientras ellos trabajan lo concreto, envían voluntarios y fondos, llegando a un amplio público. Por su parte, los antiimperialistas consideran sospechosos a esos “encantadores” donantes, que se “acantonan” en proyectos locales y que rechazan en su mayoría cualquier análisis que conduzca a compromisos políticos.

En los años setenta se da una mayor integración de la acción política tercermundista. Esa aparente radicalización va a permitir una aproximación a la corriente antiimperialista. A ello concurren: a) la influencia de algunos intelectuales (Josué de castro, René Dumont, Samir Amin), b) el compromiso recientemente marcado de una parte de la iglesia latinoamericana del lado de los desheredados, c) las primeras desilusiones de la corriente antiimperialista, tras la llegada al poder de los antiguos movimientos de liberación y d) parecidas desilusiones de numerosos cooperantes.

Comienzan a aparecer nuevos grupos locales cuyos análisis van a asociar el subdesarrollo del sur al desarrollo del norte. De ahí la importancia otorgada por estos grupos a un compromiso en los mismos países dependientes, lo que conlleva que muchos hagan de las acciones sobre la opinión pública su objetivo principal, máxime cuando lo que esperan dichos países aparte de apoyo económico, es apoyo político e información veraz sobre sus luchas.

A finales de los años setenta ya no se distingue entre ambas corrientes. Si la capacidad de movilización pública disminuye, a la par que el movimiento antiimperialista que la impulsaba, la acción de los grupos “pro tercer mundo” se arraiga más en las regiones receptoras de ayuda. Los comités de apoyo especializado (África austral y América Central), antiguos bastiones de la corriente antiimperialista, trabajan ahora en estrecha vinculación con las ONGs tercermundistas. Como el movimiento ecologista algunos años más tarde, el tercermundismo parece tener viento en popa y sufre, menos que otras corrientes, una crisis de militancia.

COMPASIÓN Y TERCERMUNDISMO

La ayuda de urgencia.

Con la movilización de medios materiales ante catástrofes como la invasión de Camboya en 1970, el terremoto en Nicaragua en 1972 o las posteriores hambrunas en Etiopía, las ONGs adquieren reputación de seriedad. Su flexibilidad para el envío de alimentos, abastecimiento
de medicinas, equipos médicos de urgencia, les vale el apoyo de gobiernos que se beneficiaran, por este canal, de procedimientos más rápidos que los propios de la administración. Sin embargo, aún contribuyendo a resolver problemas dramáticos, su actividad plantea inadecuaciones en el medio receptor, como son, la medicina occidentalizada en un medio no preparado para ella, la llegada de la ayuda sin acuerdo con la población local, o el peligro de apropiación de los recursos por una minoría detentadora del poder político local, como es el caso de Nicaragua durante la dictadura del Somoza.

El problema principal es: si la ayuda de emergencia no permite atacar las causas a largo plazo, ¿para que sirve una ayuda enviada a las poblaciones si al mismo tiempo importamos de sus territorios una cantidad de proteínas superior a la que les ofrecemos? Las situaciones “de urgencia” se perpetúan: 4 millones de refugiados palestinos en cinco países desde hace 40 años, 2,5 millones de refugiados afganos en 4 países durante 20 años, todos ellos sin esperanzas de retorno a corto plazo. Ante estas situaciones, surge entre las ONGs la obligación de vincular la “Ayuda de Urgencia” a los “Proyectos de Desarrollo”. El intento de desarrollar la agricultura, la artesanía o cualquier proyecto de medio o largo plazo en los campos de refugiados es percibido por los países de acogida como una incitación al arraigo, algo que las autoridades de dichos países de acogida no quieren de ninguna manera.


Los proyectos de desarrollo.

La colecta de fondos para abrir un pozo en un pueblecito pobre de India, sigue siendo un potente argumento publicitario, al ser un analgésico barato y fácil para la mala conciencia de los donantes de clases medias y corresponderse con una necesidad real e inmediata. Ciertas asociaciones continúan asegurando que la totalidad de las sumas recogidas va al proyecto, mientras otras mantienen el principio de que una parte del dinero debe consagrarse a la sensibilización de la opinión europea. Con los años, los proyectos de desarrollo han ido evolucionando como soporte de acción de muchos grupos.

La ayuda al desarrollo para los países del tercer mundo se rige más por las razones de los Ministerios de Comercio de los países donantes, que venden a crédito productos excedentes de sus empresas. Canalizada a través los gobiernos receptores, desemboca casi siempre en una mayor injusticia en la distribución de la riqueza. Sin embargo, no se tiende a concentrar los recursos, en países que hayan demostrado una voluntad de atajar las causas estructurales de la pobreza, ni a canalizar la mayor proporción de ayuda hacía los proyectos de las organizaciones populares en contacto directo con los últimos beneficiarios.

Con la idea de la futura ayuda, el grupo local no piensa en resolver sus problemas con sus propias fuerzas sino que pone su esperanza en la ayuda prometida. La concesión de los proyectos a través de contactos azarosos con los “buscadores de proyectos”, agudiza la competencia entre los pueblos que ya reciben dicha ayuda y los que todavía no han tenido esa suerte.

Los donantes imponen sus criterios en lugar de escuchar. En el Sahel, franja semidesértica al sur del Sahara, conformada por Mauritania, Níger y Malí, se pedía un proyecto escrito o una petición de ayuda bien elaborada incluso a campesinos analfabetos”. Un donante del norte exigirá que los pozos que financia sean perforados antes del final de su ejercicio presupuestario, recurriendo incluso a una empresa privada y no dejando a las poblaciones afectadas el tiempo para organizarse.

La autenticas raíces del hambre.

En la década de los ochenta, a medida que crecía la oposición al neoliberalismo, los gobiernos europeos y estadounidense, así como sus fundaciones occidentales y el Banco Mundial, aumentaron su financiación y alentaron a las ONGs con el fin de cubrir el desmantelamiento de la protección social del Estado. Estas ONGs criticaban al estado desde una perspectiva de “izquierda” defendiendo a la sociedad civil. Mientras, la derecha hacía lo mismo en nombre del mercado. Al tiempo que el neoliberalismo devastaba las estructuras comunitarias y sociales, las ONGs fueron financiadas para promover “proyectos de autoayuda”, de “educación popular” y de “capacitación laboral” para absorber temporalmente a grupos pequeños de pobres y captar lideres locales, socavando así las luchas en contra del sistema, complementando su trabajo de desarticulación política con proyectos locales. Desgraciadamente muchos en la izquierda enfocaron sus luchas contra la “cara comunitaria” del neoliberalismo desde arriba y afuera (FMI y Banco Mundial), sin enfrentar el neoliberalismo desde abajo y adentro (ONGs y microempresas) lo que llevó a muchos antiimperialistas a la fórmula y la práctica de las ONGs. Descomponer al Estado fue la base ideológica de tránsito de una política de clase a una política de “desarrollo comunitario”, del antiimperialismo a las ONGs

Los políticos neoconservadores del norte entienden las ONGs (asociaciones, corporaciones y fundaciones) como necesarias para el apuntalamiento en el proceso de reconstrucción y desmantelamiento del estado social. Los banqueros, grandes empresas y políticos en su versión europea las entienden como la posibilidad de descargar sobre la buena voluntad de un ejército de voluntarios, los costes de las devastaciones que la economía capitalista produce. El enfoque de estos poderes fácticos, y cada vez más de las instituciones, es que resuelvan lo que el mercado y el estado expulsan, tanto en nuestras sociedades como en otros continentes, con el fin último de mantener las estructuras de dominación y las tasas de ganancias.

Los planes de ajuste estructural fomentados por los centros impulsores de la economía capitalista (FMI, BM, BIRD) tuvieron como objeto cambiar el flujo del capital Norte-Sur a Sur –Norte, es decir, los países pobres terminan financiando a los países ricos. Según datos de la CEPAL, en la década de los ochenta, las transferencias netas de recursos desde América Latina al centro del sistema fueron seis veces mayores a los flujos de ayuda externa recibidos. Y en esa década se transfirieron 927 mil millones de dólares desde el norte hacia el sur, mientras que en sentido contrario, la cantidad fue de 1,4 billones de dólares.

Tanta charlatanería sobre ayuda y cooperación tiene una función ideológica, ya que la lógica del capitalismo crea desigualdad y explotación. En el discurso de los gobiernos del norte contra la pobreza, ciertas ONGs y el Banco Mundial presentan gran heterogeneidad y pluralismo, hablando de políticas de participación, medio ambiente, “capital humano”, ONGs, de reformar el estado, la “sociedad civil” o luchar contra la pobreza y el hambre. Se pretende que ONGs y transnacionales, centros financieros y comunidades locales, ecologistas y grandes constructoras, se dediquen al común negocio de la erradicación de la pobreza y, tal vez, del desarrollo, todo ello mediante la coordinación del propio Banco mundial.

Se propone un juego imposible de mediación entre los intereses económicos de las clases dirigentes del primer mundo y las necesidades de los países pobres o en “vías de desarrollo” combinando juegos liberatorios con juegos de dominación donde el tablero está inclinado con antelación. En el año 2008 quedo sobrepasada, por primera vez en la historia, la cifra de los mil millones de hambrientos.

¿COEXISTENCIA CON TRANSGÉNICOS?, ¡NO, NO Y NO!
NI CONSUMIDOS, NI IMPORTADOS, NI PRODUCIDOS. ¡PROHIBICI
ÓN!



Ante la “Reunión de alto nivel sobre seguridad Alimentaria para todos”, presidida por el Secr. Gral. de la ONU y el Presidente del Gobierno español:

CONCENTRACIÓN
Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid.
Plaza de Joan Miró (Castellana, 99)
Lunes, 26 de enero. 17.45 h