¿Cómo nos envenenan las multinacionales? Campaña: Lucha contra el hambre. 9ª Entrega.

¿CÓMO NOS ENVENENAN LAS MULTINACIONALES? [1]

 

 

Cuando se debate sobre la conveniencia de generalizar tecnologías potencialmente peligrosas (nuclear, transgénicos, química industrial, exposición a microondas en la telefonía móvil) aparecen dos posturas contrapuestas. Una, generalmente sostenida por los sectores empresariales, defiende que es necesario demostrar sus efectos perjudiciales para retirarlas del mercado. Normalmente se basan en estudios científicos financiados por las propias empresas productoras y apelan a nociones como “progreso”, “desarrollo”, etc, haciendo aparecer a los adversarios como contrarios a dichos conceptos. La otra postura, que se presenta como minoritaria en los medios de comunicación, mantiene que es necesario probar que determinado producto (un alimento, una medicina, etc.) no produce daño alguno en el medio o en el ser humano antes de ser aceptado por las autoridades. En estos debates suele triunfar la visión empresarial.

 

Este artículo pretende dar a conocer la verdadera cara de Monsanto, empresa multinacional que, si no lo remediamos, tendrá en sus manos la producción alimentaria mundial. Ya es la principal suministradora de semillas transgénicas y químicos agrícolas en el mundo. Su historia está plagada de fraudes científicos y corruptelas institucionales, generando enormes beneficios económicos y cientos de miles de víctimas de gravísimas enfermedades y muertes por contaminación en todo el mundo (EEUU, Vietnam, Francia, Noruega, Escocia, Japón, Taiwan, etc.).

 

Monsanto y los PCBs

Los policlorobifeniles (PCBs) son una familia de 209 substancias resultantes de la combinación de benceno con cloro. Sus aplicaciones industriales son numerosas: refrigerantes en transformadores eléctricos, lubrificantes en turbinas y otros aparatos hidráulicos, pinturas (para señalización de carreteras y recubrimiento de depósitos de agua y silos), papeles, tintas, etc. Su persistencia en la naturaleza supera los 30 años y tienen una gran facilidad para contaminar lugares en los que no han sido producidos ni utilizados.

 

Monsanto, empresa química creada en 1901, ha fabricado bajo diversos nombres (Aroclor, Piraléne, Clophen, Kanechlor) alrededor de 1,5 toneladas de estas substancias entre 1929 y 1989 en régimen de monopolio. Desde 1937 la compañía llevó a cabo diversos estudios médicos debido a las graves enfermedades que padecían los obreros víctimas de accidentes en la fabricación o la manipulación de PCB. Incluso constató que una exposición débil pero continuada podía originar graves trastornos. Pero Monsanto no consideró oportuno dar a conocer dichas investigaciones ni advertir a las autoridades, a sus clientes o a sus empleados sobre los efectos de estos productos en la salud [2] . Cuando diversos escándalos llegaron al ámbito judicial, Monsanto trató de lavar su imagen contratando a Industrial Bio-Test Labs, un laboratorio “independiente”. Al poco tiempo se condenó a esta empresa por falsear los resultados de cientos de informes [3] . Está demostrado que numerosos altos cargos de organismos oficiales relacionados con el tema han figurado alternativamente en la nómina del Estado y de la multinacional, llegando incluso a destruir pruebas incriminatorias [4] .

 

Pueden consultarse en internet los documentos que demuestran que la empresa conocía perfectamente los terribles efectos sobre la salud de su producto estrella [5] porque fueron publicados, por orden judicial, en el proceso que enfrentó a los habitantes de Anniston (Alabama) con Monsanto. En esta ciudad se encontraba, desde 1925, la mayor fábrica de PCBs de EEUU. Durante decenios se vertieron enormes cantidades de residuos contaminados en el río que corre por el barrio obrero de la localidad. En sus aguas tóxicas pescaban los vecinos y con ellas se regaban sus huertos. También se depositaban desechos en un vertedero a cielo abierto que se desbordaba con las inundaciones. El resultado fue una tasa de cáncer y otras enfermedades mortales que convirtieron a Anniston en una ciudad fantasma.

 

La impunidad de las grandes empresas

Alrededor de 20.000 ciudadanos denunciaron a la compañía que, tras un largo y costosísimo proceso, fue condenada en 2002 a pagar 700 millones de dólares. La sentencia adjudicaba a Monsanto: “negligencia, abandono, fraude, atentado contra las personas y los bienes”. El comportamiento de Monsanto “ha sobrepasado de manera extrema todos los límites de la decencia y puede considerarse como atroz y absolutamente intolerable en una sociedad civilizada”. Sin embargo, mediante una serie de fusiones y quiebras empresariales, así como dádivas de la Administración, esa indemnización quedó reducida casi a la mitad, representando una pequeñísima fracción de los beneficios obtenidos con los PCBs. A pesar de la dureza de la sentencia, la responsabilidad penal no ha alcanzado a ningún directivo de Monsanto. Miles de muertes han quedado impunes.

 

Los estudios científicos reconocidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que una exposición prolongada puede provocar cáncer de hígado, páncreas, intestino, mama, cerebral y pulmonar, así como enfermedades cardiovasculares, neurológicas e inmunológicas, hipertensión, diabetes y graves enfermedades cutáneas, como el cloracné. Los PCBs se acumulan especialmente en los tejidos grasos y se transmiten a lo largo de la cadena alimentaria.

 

Los PCBs se prohibieron en EEUU en 1977, pero continuaron produciéndose en Europa y Asia. Accidentes en Japón y Taiwán contaminaron a más de 3.000 personas. En Francia se prohibió en 2007 la pesca en el Ródano y otros ríos por estar muy contaminados en todo su curso.

 

 

El principio de precaución [6] también se incumple en Europa.

 

 

La aplicación de la Directiva europea de 1996 que pretende la eliminación de todos los PCBs a finales de 2010 está muy retrasada. El proceso de destrucción de estas sustancias es delicado y caro: consiste en la quema a muy altas temperaturas para eliminar también las dioxinas que libera el proceso. En España, el Plan Nacional de Aplicación del Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, denominados COPs (entre los que se incluyen los PCBs) data de 2007, 30 años después de su prohibición en EEUU. Los costos de descontaminación han sido asumidos por los estados y nada se imputa a Monsanto, aunque las autoridades de Gales y Noruega han interpuesto demandas sobre el particular.

 

La utilización de PCBs en subestaciones eléctricas [7] no está totalmente prohibida en España (se permite una concentración máxima en los fluidos de 500 ppm -partes por millón- y no es posible saber con seguridad qué instalaciones -muchas de ellas situadas en cascos urbanos- siguen haciendo uso de ellas. Recordemos que en los últimos cuatro años han ardido al menos cuatro transformadores en Madrid provocando densas humaredas, tres de ellas en pleno centro de la ciudad.

 

COEXISTENCIA CON TRANSGÉNICOS?, ¡NO, NO Y NO!
NI CONSUMIDOS, NI IMPORTADOS, NI PRODUCIDOS. ¡PROHIBICIÓN!

CAMPAÑA: LUCHA CONTRA EL HAMBRE

 

Ante la “Reunión de alto nivel sobre seguridad Alimentaria para todos”, presidida por el Secr. Gral. de la ONU y el Presidente del Gobierno español:

CONCENTRACIÓN
Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid.
Plaza de Joan Miró (Castellana, 99)
Lunes, 26 de enero. 17.45 h

 


 [1] Basado en el libro de Maria Monique Robin, “Le Monde selon Monsanto”, La Découverte (2008).

 

 [2] William Papageorge, alto directivo de Monsanto, conocido como “el Zar” de los PCB, respondió en un juicio “¿por qué deberíamos hacerlo?”

 [3] Tendremos ocasión de ver que esto no es algo excepcional: la investigación científica depende en gran medida de la financiación aportada por las grandes empresas, lo que arrincona a los estudiosos que trabajan al margen de las presiones empresariales y políticas. La investigación científica no es tan neutra como nos la pintan.

 [4] Los organismos reguladores como la FDA (Food and Drug Administration) o la EPA (Agencia de Protección del Medio Ambiente, en sus siglas inglesas) están inmersos en lo que en EEUU se conoce como Revolving door policy: la enorme facilidad con que los altos ejecutivos pasan de trabajar para el Estado a trabajar para las grandes firmas, cuando no están “pluriempleados”.

 [5] http://www.chemicalindustryarchives.org/dirtysecrets/annistonindepth/toxicity.asp

 [6] Aplicar este principio significa que no se puede comercializar un producto que previamente no haya demostrado su inocuidad.

 [7] Más información en: http://www.dlyservicios.com.ar/art_tec/El%20PCB.pdf