Tecnología y hambre. Camapaña: Lucha contra el hambre. 8ª Entrega.

 

El desarrollo de la economía capitalista produce tanta riqueza como pobreza y hambre. La tecnología, en manos del capital, multiplica la productividad, absorbiendo la fuerza productiva del trabajo para utilizarla contra l@s trabajador@s mism@s. Con el aumento de la riqueza se deterioran las condiciones de vida, trabajo y alimentación de las personas trabajadoras. La función dominante de la tecnología hoy, consiste en imponer al tiempo, la habilidad y los deseos de las personas, los tiempos y el movimiento de máquinas, técnicas y procedimientos diseñados para los fines exclusivos y excluyentes del capital. La existencia de intersticios para una utilización no capitalista de la tecnología no debe ocultar la explotación, el dominio y la contaminación que hacen posible dicha tecnología. Por muchas aplicaciones positivas que puedan tener, tecnologías como la telefonía móvil o internet serían irracionales fuera del contexto económico, político y social que las ha producido. La brecha tecnológica está unida, como la cara y la cruz de una moneda, a la brecha alimentaria. Las tecnologías en manos del capital forman parte activa de las relaciones sociales de desigualdad y esquilmación de la naturaleza de las que han brotado y no son pensables fuera de dichas relaciones.

 

La tecnología transgénica y el hambre tienen el mismo origen: la mercantilización, industrialización y globalización de la producción de alimentos. Sin embargo, tras contribuir a la producción de hambrientos, la tecnología transgénica se postula como la solución para el hambre. La lucha contra el hambre implica la lucha contra gran parte de la tecnología actual, especialmente contra los transgénicos.

 

La inmensa producción de mercancías del mercado global tiene como condición una inmensa producción de pobreza. Quienes piden una mejor redistribución de la riqueza como paliativo de la pobreza, olvidan el pecado original de dicha riqueza: a) Su abundancia para una minoría de la humanidad procede del despojo y la ignominia de la mayoría; b) La opulencia de mil millones de incluidos es consecuencia de la explotación de miles de millones de personas que, a través de jornadas agotadoras y formas de consumo enfermantes, inmolan su vida a un trabajo asalariado carente de fines sociales; c) La riqueza capitalista depende de la asignación obligatoria del trabajo de cuidados a las mujeres. Esta “obligación” es uno de los factores principales de la subordinación de las mujeres a los hombres.

 

La crisis del capitalismo en los países desarrollados supone la desconexión forzada de millones de personas trabajadoras respecto al modelo fordista de pleno empleo y consumismo irracional. Esta exclusión genera “nuevos pobres” movilizados furiosamente hacia una identidad perdida cuyo único contenido es producir y consumir mercancías. El mercado y el estado son incapaces de atender, tanto los deseos de consumismo compulsivo como las necesidades básicas de millones de personas precarizadas. La ideología liberal de la izquierda aborda esta crisis sistémica reivindicando los viejos buenos tiempos del “capitalismo con rostro humano”. Al hacerlo, olvida que ese modelo, que sólo se explica por las revoluciones obreras y populares, tiene como daños colaterales, la esquilmación de la naturaleza, el saqueo de los países empobrecidos y la realización del trabajo de cuidados de forma invisible y obligatoria por las mujeres.

 

El apoderamiento semántico de la lucha contra el hambre por parte de sus causantes, legitima las propuestas de intensificar las tecnologías y las relaciones sociales que producen el hambre. Este apoderamiento explica por qué en las crisis del capitalismo, el hambre y la exclusión no se convierten en rebelión. El vacío de rebelión es el vacío de fuerza popular, de impugnación práctica y teórica de la inseguridad, el totalitarismo y la violencia de la sociedad de mercado y la política de mercado. Sin fuerza, no se puede transformar el paro en rebaja de la jornada laboral, el hambre en condena del consumismo irracional y el agotamiento de la naturaleza en austeridad voluntaria.

 

Pretender usar las nuevas tecnologías para la superación del hambre y la exclusión, pone de manifiesto la fascinación tecnológica de la ideología capitalista que la izquierda comparte. El mensaje político de la socialdemocracia, dirigido a la progresía consumidora y compasiva es “más tecnología y una mejor distribución de la riqueza”. La insolvencia teórica de estas fórmulas, ocultan la violencia social que contienen las fuerzas productivas y las relaciones de producción, circulación y consumo en nuestras sociedades modernas. El vacío de una crítica de izquierdas a las causas verdaderas del hambre, estimula todo tipo de desvaríos tecnológicos, postmodernos y anarcoides. Reivindicaciones como “dinero gratis” o “abajo el trabajo”, sin más matices, son formas “epatantes” de la ideología socialdemócrata que pulula en el interior de los movimientos sociales. Mas allá de su estética radical, la función política de estos mensajes es la de articular una segunda ó tercera marca de la socialdemocracia para el control político del mercado juvenil a la izquierda de las ONGs.

 

¿COEXISTENCIA CON TRANSGÉNICOS?, ¡NO, NO Y NO!
NI CONSUMIDOS, NI IMPORTADOS, NI PRODUCIDOS. ¡PROHIBICIÓN!

CAMPAÑA: LUCHA CONTRA EL HAMBRE

 

Ante la “Reunión de alto nivel sobre seguridad Alimentaria para todos”, presidida por el Secr. Gral. de la ONU y el Presidente del Gobierno español:

CONCENTRACIÓN
Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid.
Plaza de Joan Miró (Castellana, 99)
Lunes, 26 de enero. 17.45 h