Salsa de tomate frito de invierno

 Ingredientes

  • 1 bote de tomate natural triturado de 600/700 gramos
  • ½ cebolla mediana
  • 2 puerros
  • 1 rama de apio
  • 2 dientes de ajo
  • 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • Sal marina (si el bote de tomate lleva sal añadida no es necesaria)
  • 1 cucharadita de café de azúcar morena.

Preparación

Picar de forma menuda la cebolla, los puerros, el apio y el ajo y ponerlos, sobre el aceite en una sartén honda a fuego suave para rehogar lentamente; cuando se vean bastante ablandados se añade el tomate triturado, la sal (si es necesaria) y el azúcar que va a atenuar la acidez del tomate. Se deja que se haga todo junto unos diez o quince minutos.

 

Si no se quiere encontrar en la salsa los trozos de las hortalizas, una vez que estén rehogadas, se ponen en el vaso de la minipímer y se trituran con unas cucharadas del tomate natural. El resultado es una salsa con el aspecto del mejor tomate frito preparado pero mucho más sabroso y con más fibra, vitaminas y minerales.

Apuntes dietéticos

El tomate es una hortaliza que se encuentra en el mercado en cualquier época, pero su temporada natural es de junio a octubre, cuando madura al sol en pleno campo. El resto del año, podemos disfrutar de él a través de las distintas conservas (tomates enteros, triturados, fritos…) que se elaboran con el fruto recolectado en sazón.

 

En invierno contamos con otras hortalizas como el puerro y el apio que van a aromatizar y a mejorar el sabor del tomate.

 

Todos los elementos de esta receta son ricos en fibras (insolubles y solubles), beneficiosas para mejorar el estreñimiento, el colesterol y las putrefacciones intestinales, con lo que se disminuye la posibilidad de cáncer de colon.

 

Poseen carbohidratos aunque no muy abundantes y grasas que proporciona el aceite de oliva, al no llevar mucha cantidad, esta salsa anima muchos platos sin aportar demasiadas calorías. Vitaminas A, E, grupo B, del puerro, y C sobre todo en el tomate.

 

Minerales: calcio, hierro, manganeso, fósforo, sodio, potasio y selenio. Este último mineral que aumenta las defensas lo aporta el puerro.

 

También el puerro tiene, al igual que el ajo una sustancia llamada alicina que es antibacteriana. Por estos dos componentes, el puerro es, sin duda, uno de los alimentos que más protegen de las enfermedades infecciosas.

 

El tomate aporta un carotenoide (colorante natural) llamado licopeno que es el que le dota del color rojo y que constituye un potente antioxidante con una característica muy interesante y es que no se degrada con el calor de la cocción.

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