El agua de mar

Se ha dicho siempre que el agua de mar no se puede beber, que los náufragos mueren des­hidratados cuando la beben, que daña el riñón pero esto no deja de ser un mito.
En “Relatos de un Náufrago” Gabriel García Márquez nos cuenta la historia de un superviviente a un naufragio, un relato real contado en un periódico cuando él estaba empezando a escribir, cuya inteligencia in­terna le llevó a tomar agua de mar a peque­ños sorbos y a convertirla en agua saludable al mezclarla con la saliva. Sobrevivió gracias al agua de mar y al incremento de la saliva­ción cuando mordía su cinturón.

La vida surgió del mar, allí se formó la primera célula, los primeros organismos que dieron lugar a la vida en nuestro plane­ta. El cuerpo tiene memoria, una memoria muy antigua y ésto está escrito en nuestra memoria celular, conservamos una me­moria acuática (atávica) de los orígenes, es decir, conservamos nuestro océano interior. El 70% de nuestra masa corporal es agua de mar, somos agua, el agua es el hilo conductor de todo lo que existe. Nues­tras células viven en un verdadero acuario marino, porque el agua de nuestro medio interno no es agua dulce, es agua de mar.

Cuando apareció la vida en el mar, la concentración de sales era del 9%, justa­mente la misma concentración de sales de nuestro agua y del de todos los animales, incluidos los animales marinos y las plan­tas (9 gramos de sales minerales por litro de sangre), todos compartimos ésto y si un animal enorme como es la ballena se ali­menta y nutre de la sopa marina, teniendo ella el mismo medio interno que nosotros, el ser humano también puede beneficiarse de esta maravilla de la naturaleza.

El agua de mar es el nutriente univer­sal más completo, orgánico, biodisponi­ble y gratuito de la tierra. Por esta razón se están creando dispensarios marinos en toda Hispanoamérica y África, que están devolviendo la salud a miles de perso­nas…Pero no hay que estar enfermo para beneficiarse de la ingestión de agua de mar. Éste aumenta la energía corporal, mejora el rendimiento deportivo y actúa como preventivo de muchas enfermeda­des, es regulador del medio interno, nu­triente celular, reconstituyente, dentífrico y colutorio, laxante, purgante, desinfec­tante y cicatrizante para las infecciones de la boca, estomacal y neutralizador de la acidez del estómago. El PH de su com­posición es alcalino (8,3), y es sin duda un alimento pro-vida que depura, desintoxi­ca, limpia por dentro y nutre nuestro or­ganismo. En su ignorancia, hay quien cree que puede favorecer la hipertensión, pero nada más lejos de la realidad ya que el plasma marino hace eliminar el doble de líquidos y de sólidos al riñón con lo que se descarga la presión arterial, porque al no ser cloruro sódico, sino cloro y sodio por separado, este sodio estimula la bomba renal. También hay quien cree que el agua de mar está contaminado, pero eso tam­poco es verdad, porque al ser tan salada inactiva los gérmenes de procedencia te­rrestre y al estar constantemente en mo­vimiento no necesita ningún método de limpieza artificial. Es naturaleza en esta­do puro, que cuida de sí misma.

Ya decía Platón que el agua de mar curaba todos los males, mientras se restablecía de una tuberculosis, pero fue René Quinton quien difundió todos los fundamentos, propiedades y leyes que explican como el agua de mar es nutriente, porque contiene además de los carbohidratos, grasas y proteínas imprescindibles para la vida, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, magnesio, manganeso, sodio, potasio, calcio, hierro, fósforo, fluor, sílice, cobre, yodo, alrededor de 83 elementos biodisponibles de los 118 elementos de la tabla periódica, más el zooplancton y el fitoplancton que son proteínas puras.

El fitoplancton, la mayor biomasa del planeta, produce, gracias al proceso de fo­tosíntesis, por la acción del sol, todos los minerales que existen traspasándolos al agua del mar. El zooplancton se alimenta de este huerto marino biológico, generando a su vez una masa de elementos biodisponi­bles para el organismo humano. Con estos nutrientes René Quinton salvó miles de vi­das a principios del siglo pasado, creando numerosos dispensarios marinos en los que atendía a miles de pacientes. Los buenos resultados de sus tratamientos fueron re­cogidos en varias publicaciones y esto hizo que los dispensarios marinos se extendieran por toda Europa y norte de África. Sin em­bargo, el agua de mar era un medicamento demasiado barato, la ciencia médica tachó a René Quinton de visionario y sus trata­mientos quedaron en el olvido. La desnutri­ción podría ser tratada con agua de mar, de hecho ya se hace en algunos lugares tan le­janos como Nicaragua o Eritrea, el hambre en el mundo podía paliarse, simplemente con agua de mar. El planeta nos ofrece todo lo que necesitamos para vivir con dignidad, salud y crecimiento, pero parece que esto no se quiere ver.

El plasma marino da fuerza a la célu­la para oponerse a la mayoría de las en­fermedades. Para nosotros, que como todos los seres vivos, somos acuarios vivientes, es fuente de salud ya que nos ayuda a mantener nuestro medio interno en óptimas condiciones y a que se pro­duzca una homeostasis perfecta. Esto se basa en tres principios:

  • Recarga electrolítica. (Aporta­ción de agua y minerales).
  • Reequilibrio de la función en­zimática (Aportación de minerales y nu­trientes.)
  • Regeneración celular. (Limpia la matriz extracelular, el medio interno don­de viven las células.)

Incorporación del agua de mar a nuestra dieta

Podemos incorporar el agua de mar a nuestra dieta como comple­mento alimentario de consumo dia­rio, pero tenemos que convertirla en una bebida isotónica.

Si tenemos en cuenta que el agua de mar tiene unos 36 gramos de sales minerales por litro de agua y por la composición de nuestro medio celu­lar, la cantidad de sales recomenda­das diariamente es de unos 9 gramos diarios, podemos diluir la composi­ción del agua de mar mezclándola con zumos, agua dulce u otro tipo de bebida en una proporción de una par­te de agua de mar por tres partes de otra bebida y podemos llegar a una proporción de 2 partes por una, en la medida en que nos vamos acostum­brando a tomarla.

Tomar alimentos ofrecidos por la tierra, incluido el agua de mar nos protege y nos nutre. Eso está en con­sonancia con nuestra naturaleza y lo que somos. Somos uno con el plane­ta, él nos ofrece todo gratuitamente y en las composiciones adecuadas, estar en armonía con él es estar en ar­monía con nosotros mismos.

Vale la pena hacerlo.