Plantas y vegetales que curan

El ajo.

Purifica la sangre y favorece la circulación. Tiene efecto antioxidante, antiséptico, expectorante y antimicrobiano. Reduce el nivel de colesterol sanguíneo, fluidifica la sangre disminuyendo el riesgo de formación de trombos, disminuye la presión arterial y potencia el sistema inmunológico.

 

Durante el embarazo o la lactancia no se debe abusar del ajo. Las personas con problemas de coagulación de la sangre deben tomarlo con moderación. La acción antibiótica del ajo es mucho más eficaz cuando se toma crudo. A diferencia de los fármacos antibióticos, que deprimen las defensas contra otras futuras infecciones, el ajo no sólo combate la infección sino que también estimula las defensas naturales del organismo.


La amapola.

Se utilizan los pétalos de las flores y las semillas, tanto frescas como secas. Tiene una suave acción sedante y somnífera libre de los riesgos de los sicofármacos. Se recomienda para facilitar el sueño de niñ@s y ancian@s. También es antitusígena y suaviza las mucosas, ideal para combatir la tos y la bronquitis. Si la tenemos a mano se pueden utilizar los pétalos frescos y crudos en ensalada.

 

Se deseca al aire libre, lo más rápidamente posible y mejor a la sombra. Se conserva en tarros de cristal bien cerrados al abrigo de la luz y la humedad. Los pétalos desecados sirven para infusiones. No debe usarse en caso de embarazo, lactancia, epilepsia o alcoholismo.

 

Alcachofas.

Frescas y de temporada, se toman cocidas o asadas. No importa mucho si en su preparación pierden vitaminas hidrosolubles, aunque si la añadimos en arroces y guisos de patatas, las vitaminas quedarán en el caldo. Pero lo más interesante de la alcachofa son sus propiedades saludables. La sustancia amarga estimula los jugos digestivos. La cinarina favorece la secreción hepática de bilis y la reducción del colesterol. La silimarina protege las células del hígado, es antioxidante y reduce la incidencia del cáncer de piel. La inulina ayuda al crecimiento de la flora bacteriana benéfica en el colon. Es diurética y su potasio puede ayudar a bajar la tensión arterial. Las personas hipertensas deben evitar las alcachofas en lata debido a su alto contenido en sal.

 

Habas.

Recomendadas para quienes padezcan dolencias cardiovasculares o diabetes.

Como otras legumbres, reducen el colesterol. Debido a su fibra soluble, presentan un bajo índice glucémico, lo que permite regular la glucosa.

 

Previenen el estreñimiento, la diverticulosis y el cáncer de colon. El hierro que contienen corrige la anemia, pero se aprovecha mejor si en la misma comida incluimos alimentos ricos en vitamina C. Su composición es similar a la de los guisantes verdes.

 

Las habas frescas se digieren mejor que las habas secas, siendo menos nutritivas pero más vitamínicas.

 

Su aprovechamiento aumenta cociéndolas al vapor para preservar el ácido fólico y la vitamina C. Las habas frescas se conservan en la nevera o en un lugar fresco, seco y protegido de la luz. Si son secas, basta conservarlas en un recipiente cerrado y en lugar fresco y seco.

 

Acelga. (Beta vulgaris)

La mayor parte de sus nutrientes se encuentran en la hoja debiendo consumirla antes de que se ponga lacia, reduciéndose en este caso, tanto la vitamina C como el ácido fólico. Ayuda a prevenir el estreñimiento. Gracias a su contenido en potasio, calcio, magnesio, vitamina K, así como por su buena relación calcio/fósforo, contribuye a mantener la densidad ósea y previene la osteoporosis.

 

Su riqueza en carotenoides (responsables de la gran mayoría de los colores amarillos, anaranjados o rojos presentes en los alimentos vegetales), ácido fólico y flavonoides (pigmentos vegetales) previene cánceres relacionados con los aparatos digestivo, respiratorio y urinario.

 

En la acelga, el mineral más abundante con diferencia es el potasio. Pero también se destaca por su gran contenido en magnesio, sodio (responsable en parte de su marcado sabor), yodo, hierro y calcio.

 

El potasio es un mineral necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso y para la actividad muscular normal. Interviene también en el equilibrio de agua dentro y fuera de la célula.

 

El magnesio se relaciona con el funcionamiento de intestino, nervios y músculos. Forma parte de huesos y dientes, mejora la inmunidad y posee un suave efecto laxante.

 

El yodo es un mineral indispensable para el buen funcionamiento de la glándula tiroides, que produce las hormonas tiroideas. Éstas intervienen en numerosas funciones metabólicas, como el mantenimiento de la temperatura y del metabolismo corporal. Asimismo, el yodo es esencial en el crecimiento del feto y en el desarrollo de su cerebro.

 

La función más reconocida de la vitamina K es la que la relaciona con la coagulación de la sangre, de ahí que se la denomine también “antihemorrágica”. Esta vitamina participa en la formación de varios factores de coagulación, unos componentes proteicos necesarios para que haya una coagulación sanguínea adecuada.

 

Además, la vitamina K interviene en el metabolismo óseo ya que la osteocalcina, una proteína específica del hueso, requiere de vitamina K para su maduración.

 

La mejor forma de cocinar la acelga para aprovechar sus carotenos es cocida al vapor o en purés ya que con ello aumentamos su absorción intestinal. Al ser rica en ácido oxálico las personas con predisposición a la formación de piedras o cálculos en el riñón deben comerla con moderación.

 

Cebolla (Allium cepa)

Lo más valioso de la cebolla, además de sus nutrientes, son sus fitoquímicos. Contiene fósforo, silicio, el cual facilita la elasticidad para las arterias y compuestos que facilitan la fijación del calcio en los huesos y vitaminas A, B, C, más los beneficios en azufre, hierro, yodo, el potasio, y dosis moderadas de sodio. Estas sustancias tienen efectos preventivos y curativos. Todas las cebollas tienen compuestos sulfurados, pero las rojas y las amarillas contienen cantidades importantes de quercetina, con gran poder antioxidante, antiinflamatorio, antimicrobiano y anticancerígeno que, además, no se destruye al cocer. Las personas que consumen más pigmentos vegetales, responsables de los colores, padecen menos infartos de miocardio, debido a que sus compuestos realizaban una acción antitrombótica.

 

El consumo de cebolla reduce el riesgo de cáncer de estomago al estimularse la producción de enzimas que desactivan las sustancias cancerígenas. También tiene efectos antiinflamatorios para la artritis reumatoide y previene la osteoporosis. Su efecto antiasmático se atribuye en parte a la acción antiinflamatoria de la quercetina.

La cebolla debe ser incluida definitivamente en nuestra alimentación. Posee una potente acción contra los reumatismos de manera similar al ajo, al disolver el ácido úrico responsable de la enfermedad de la gota que afecta a los riñones y las articulaciones. Actúa contra las infecciones gracias a sus sales de sosa y su potasa que alcalinizan la sangre. En homeopatía es utilizada para el tratamiento de las inflamaciones de los ojos y de las vías respiratorias superiores.

 

La cebolla es un alimento barato de producir. Durante las épocas de carestía la extrema pobreza llevaba a la gente a mantenerse con “pan y cebolla”.