Autodiagnóstico y tratamiento para prevenir la diabetes

El azúcar se digiere minutos después de ser ingerido. Su exceso (más de 25 gramos diarios) produce fatiga, caries y obesidad y reduce nuestra capacidad inmunitaria, circulatoria y hormonal.

Cuando nos pasamos con los dulces ponemos en riesgo nuestra salud. El organismo reacciona regulando el nivel de glucosa, y la cabeza del páncreas, segrega insulina para disminuir el azúcar en sangre. Si el abuso de azúcar es habitual, el páncreas puede dejar de producir insulina. En eso consiste la diabetes, que obliga a inyectarse esta sustancia varias veces cada día.

La hipoglucemia (disminución exagerada del nivel de azúcar en la sangre) anuncia la incapacidad del organismo para regular el azúcar con todas las alteraciones que esto acarrea.

 

¿Cómo acabar con el exceso de azúcar?

Desde pequeños -creyendo que nos premian- nuestros mayores nos castigan con galletas, pasteles, caramelos, gominolas, chocolates y helados. Si, además de querernos, tuvieran un poco de cultura alimentaria y nutricional, no lo harían. Lo hacen porque se lo han hecho a ellos y nadie les ha enseñado dietética y nutrición.

El placer momentáneo de un dulzor artificial no compensa la pérdida de salud y el riesgo de enfermedad que conlleva este placer repetido. Romper con el azúcar refinado exige modificar el hábito de abusar de él. Un hábito consiste en un acto repetitivo que se convierte en automático y, por tanto, en irracional. La  recompensa gustativa de este acto y el consenso social sobre el abuso de los dulces, forman parte de nuestros gustos, nuestra cultura y nuestra identidad.

 

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Muchas personas saben que consumir más de 25 gramos de azúcar al día es construir, paso a paso, una madurez  estrechamente cercada por el cáncer, la diabetes, los problemas digestivos, las reacciones alérgicas, la obesidad y las  complicaciones óseas y cardiovasculares. Este conocimiento no tiene suficiente fuerza para vencer al hábito enfermante. La publicidad masiva de las multinacionales del negocio alimentario se encarga de mantenernos en la impotencia, haciéndonos creer que elegimos libremente lo que queremos comer.

Para las personas que apuestan por la salud, la razón y la libertad, y se deciden a pasar el “mono” del dulce, aquí van  algunos recursos:

• Hacerlo en periodo de vacaciones, desempleo o permiso sin sueldo.

• Durante algunas semanas, los síntomas tienden a desaparecer,  pero no hay que fiarse.

• Alimentos a evitar: alimentos con azucares artificiales y  refinados; miel en cantidad superior a una cucharada sopera al día; frutos secos, salvo si pasan por 2 o 3 horas de remojo; quesos grasos; leche (fuente de alergias); maíz.

• Alimentos a reducir: alimentos con azúcar concentrado;  refinados (cereales, pan, pasta, arroz y harina) y todos los procesados que los contengan (pizza, hamburguesas, pasteles, bollos, refrescos carbonatados, snacks, etc.)

• Régimen alimenticio estable en horarios y cantidades.

• No alcohol, tabaco, café, medicamentos y drogas.

 • Alimentos recomendados: frutas y verduras ecológicas de temporada, cercanía, cultivadas por campesin@s agroecológic@s en tierra fértil y recién recolectadas. Reducir la proteína animal a favor de la vegetal (7,5% de proteína animal como máximo en la ingesta total diaria).

• Apostar por vegetales crudos o poco cocidos como base fundamental de la alimentación. Incluir semillas germinadas por su gran aporte de vitalidad y nutrientes fácilmente asimilables.

• Comer con conciencia, salivación y masticación.

• Asociar alimentos compatibles: la fruta se debe comer fuera (o al principio) de las comidas; evitar la mezcla de proteínas en la misma comida (carne, pescado, huevos, quesos, legumbres); evitar la mezcla de lípidos (aceite, mantequilla, aguacate, aceituna, etc); evitar la mezcla de hidratos de carbono (féculas, arroz, pan). Hay que comer de todo, pero no en todas las comidas y diseñar la comida asociando verduras con proteínas y féculashidratos de carbono con verduras.

• Si hay desviaciones, que sean pocas. En la vida familiar y social (repleta de comidas) podemos medir nuestros avances, manteniendo una actitud firme pero flexible y evitando la confrontación permanente con el tema de la comida. Si es posible, mejor abstenerse, pero sin polémicas.

• Al cabo de un año de hábitos saludables con excepciones escasas, sentiremos la recuperación de nuestro potencial físico e intelectual.

De los 36 síntomas siguientes, elegir la opción
1 (síntoma ligero),
2 (síntoma moderado) o
3 (síntoma acentuado) rodeándola con un círculo. En los síntomas que no
se reconozcan, no hacer ningún círculo.

 

“El azúcar o la vida”. Bruno Kleiner. Ed. Terapias Verdes, 2004

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