Acción directa contra el tabaco. Fumar es un placer… que mata.

Fumar es un acto de consumo irresponsable. La persona fumadora es esclava de su dependencia, gasta muchísimo dinero, atenta contra la salud propia y ajena y educa a l@s niñ@s en esta adicción.

 

Desde el 2 de enero de 2011, tenemos una nueva ley antitabaco. La anterior fue ampliamente desobedecida por los empresarios de restauración con la connivencia del gobierno de Esperanza Aguirre. Ahora se prohíbe fumar en espacios públicos cerrados, a excepción de habitaciones de establecimientos hoteleros reservadas para fumador@s (no más del 30%), zonas para fumador@s de establecimientos psiquiátricos y cárceles, clubes de fumador@s y, en tu propio despacho, si está en tu domicilio, no recibes visitas ni tienes trabajador@s a tu cargo.

 

 

 

También se protegen espacios abiertos de centros educativos y sanitarios, parques infantiles y zonas infantiles en comunidades de vecinos. La ley sanciona al infractor con 30 euros (falta leve) y al reincidente o al responsable de la instalación con una multa entre 601 y 100.000 euros (falta grave).

Esta ley protege a l@s trabajador@s de hostelería (8 de cada mil acaban con cáncer de pulmón) y a l@s fumador@s pasiv@s por obligación, el 65% de la población (1500 fumador@s pasiv@s mueren al año a causa del tabaco). También protege de sí mismos a l@s propi@s fumador@s (el 40% está a favor de la ley y la ve como una ayuda para dejar de fumar).

 

El ruido provocado por quienes se benefician con el consumo de tabaco (“la ley más restrictiva de la historia”) y los fumadores furibundos (“vulneran mi libertad individual”) hace creer que existe una gran oposición.

 

La publicidad de las tabacaleras promueve la libertad de contraer cáncer de boca, garganta, pulmón, riñón, páncreas o vejiga para 1.100 millones de personas fumadoras en el mundo. L@s fumador@s contrarios a esta ley reivindican su libertad para no ser protegidos frente a las empresas que les convierten en adict@s. Pero su libertad está condicionada por la dosis diaria de nicotina acompañada por otras 400 sustancias tóxicas más letales aún.

 

Hasta hace un año, la Unión Europea financiaba la producción de tabaco con 2 euros de cada 3 que cobraban sus productor@s. Lo que se presentaba como ayuda social para el sector, era todo lo contrario: mantuvo la superficie, pero concentró la producción, pasando de 17.300 tabaqueros en 1989 a 3.200 en la actualidad, más dependientes de las multinacionales. Eso sin contar los daños al suelo y al agua de un monocultivo que emplea muchos productos químicos. Los productores que quedan recibirán aún la protección del estado por sus labores de tabaco. La empresa pública CETARSA ha prometido mantener los volúmenes y precios de compra. Sin embargo se quejan porque las multinacionales rebajan los precios de compra y el consumo ha descendido un 10% en el último año.

 

Los fumadores no se benefician con el tabaco. Tampoco los agricultores que lo cultivan. Las únicas beneficiarias son las multinacionales tabaqueras, las expendedoras de tabaco y el estado, con los impuestos al tabaco.

 

Consumo responsable significa optar por alimentos ecológicos producidos por campesinos y rechazar productos dañinos controlados por las multinacionales como el tabaco. La alimentación ecológica en circuitos cortos no es más cara que la convencional pero, si lo fuera, al dejar de consumir las sustancias tóxicas que nos enferman, no sólo estaríamos más sanos sino que ahorraríamos mucho dinero.