La diabetes crece con el azúcar y la comida basura

El 7 de abril, Día Mundial de la Salud, la Organización de Naciones Unidas para la Salud (OMS) advertía del crecimiento de la diabetes. Hay 422 millones de diabétic@s y 175 millones más sin diagnosticar. En 30 años, las tasas mundiales de diabetes han pasado del 4,7% (1980) al 8,5% de la población (2014); cada año 1,5 millones de personas fallecen por diabetes y en otros 2,2 millones de muertes, cardiovasculares o de otro tipo, concurren altos niveles de glucosa en sangre. En España 5,3 millones de personas son diabéticas, el 9,4% de la población mayor de 18 años.

La diabetes tipo 2 supone el 90% de los casos. Su origen se atribuye, por un lado, a hábitos alimenticios en los que predominan harinas y azúcares refinados y, por otro, al sobrepeso u obesidad, porque el organismo precisa más insulina y, a su vez, tiene más dificultades para producirla.

En la última década, la obesidad ha crecido más en países con ingresos bajos o medianos lo que se correlaciona con la extensión de una dieta en la que retroceden verduras, frutas y legumbres y avanzan la proteína animal barata y las harinas y azúcares refinados.

 

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Frente a la diabetes, la OMS recomienda a la población que adopte hábitos saludables realizando actividad física y consumiendo alimentos sanos; que promueva dichos hábitos entre los más pequeños, empezando por la lactancia materna. Pero nada dice del principal causante de la diabetes: una ingesta abusiva de azúcar refinada presente en gran cantidad de alimentos producidos por la industria alimentaria (alimentos procesados, bollería industrial, refrescos y zumos industriales). Tampoco da crédito a investigaciones médicas que apuntan a una dieta baja en calorías  –y sin azúcares- como el mejor método para que desaparezca la diabetes tipo 2. Con menos calorías, el organismo recurre a las grasas acumuladas en el páncreas eliminándolas; en 2 meses, el páncreas liberado de las grasas, vuelve a producir de nuevo insulina.

Una dieta hipocalórica de “limpieza” enseña a avanzar en hábitos saludables (frutas, verduras y legumbres, en detrimento de lácteos y carnes) donde el azúcar refinado esté de forma ocasional y los cereales refinados sean reemplazados por cereales integrales -más nutritivos y con una liberación lenta de la glucosa-. Pero combatir la diabetes con la dieta, da pocos réditos a la industria farmacéutica y hace peligrar el negocio del azúcar.

El consumo responsable agroecológico debe denunciar los intereses de complejo alimentario y farmacéutico y divulgar investigaciones científicas que corroboran las bondades de la dieta alimentaria saludable para prevenir y curar las enfermedades de nuestro tiempo.

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