La dieta que te mata

“Los patógenos, no son la causa de la enfermedad, sino que buscan su hábitat natural “los tejidos enfermos” De igual manera que los mosquitos buscan el agua estancada y putrefacta, pero no son la causa de la putrefacción del agua”.

Rudolph Virchow.

 

Tras varias semanas de festejos en las que hemos abusado de de carnes, azúcares y alcohol, necesitamos dar, al menos, un par de semanas de respiro a nuestro intestino con una dieta abundante en frutas y verduras de temporada (ensaladas de vegetales crudos variados en colores y sabores), prescindiendo de alimentos procesados, carnes, dulces, bebidas azucaradas y alcohol. Incluso hacer un fin de semana de ayuno ingiriendo abundante agua, licuados vegetales y sopa con verduras y arroz. Notaremos que nuestro cuerpo agradece comidas más ligeras y mejora nuestro estado de ánimo.

¿Por qué?

El cuerpo humano contiene 10 billones de células propias acompañadas por 100 billones de microorganismos (levaduras, bacterias y microbios de todo tipo) nuestro microbioma que, en su mayor parte, habita en el intestino delgado y, sobre todo, en el colon que, si está sano, aloja un billón de bacterias de mil especies distintas. Si lo cuidamos, nos protegerá toda la vida constituyendo una barrera frente a virus y bacterias oportunistas. Esta microflora intestinal está presente en todo organismo vivo tras millones de años de evolución; la heredamos de nuestra madre en el canal del parto a través del contacto con sus heces y se enriquecerá después con la lactancia materna. Nos cuida ocupándose de funciones metabólicas (fermenta hidratos de carbono complejos para que podamos asimilarlos, produce algunas vitaminas y hormonas) y defensivas (evita el crecimiento de bacterias y levaduras dañinas y enseña a nuestro sistema inmune a detectar microorganismos dañinos).

Es una relación simbiótica, beneficiosa para ambas partes. Para que funcione, nuestra comida debe alimentar a las bacterias amigas y no a las bacterias enemigas. Las primeras viven de restos de origen vegetal recogidos en nuestros intestinos nutriéndose de las partes que no podemos digerir (carbohidratos y azúcares complejos de verduras, legumbres y cereales integrales) para transformarlas en ácidos grasos esenciales antiinflamatorios (butiratos) que protegen la piel de nuestro intestino constituyendo una barrera protectora (mucosa intestinal). Las bacterias enemigas prefieren los restos de carne, azúcares simples y “comida basura”.

Una dieta rica en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, que no supere el 7,5% de proteína animal, favorecerá la microflora buena y nos hará sentir mejor porque, si el intestino está sano, produce serotonina, la hormona del bienestar.

La dieta habitual de los países ricos es excesiva en carnes, azúcares y harinas refinadas, y deficitaria en legumbre, verdura y fruta de temporada. La proteína animal procede de ganado estabulado y alimentado a base de piensos contaminados con pesticidas y antibióticos que atacan a nuestra flora intestinal. Si la carne está procesada, contiene otros químicos que intoxican nuestro cuerpo (colorantes, saborizantes, conservantes…). Los excesos de ciertos alimentos y los déficit de otros, al matar a las bacterias buenas y alimentar a las bacterias perjudiciales, provocan estreñimiento, flatulencias, digestiones pesadas, reflujo gástrico y, a medio plazo, conllevan obesidad, diabetes y cáncer.

En la flora intestinal de una persona con cáncer predominan las bacterias que metabolizan azúcares y aminoácidos (proteínas) y están en minoría las que metabolizan fibra y producen acidos grasos. Ese desequilibrio no llega de un día para otro, se desarrolla con unos hábitos alimentarios enfermantes y ausencia de actividad física. Pero también puede revertirse avanzando en hábitos saludables. Incorporar actividad física regular y, en nuestra dieta, frutas y verduras crudas, de temporada y ecológicas, pan biológico con levadura madre, al tiempo que reducimos la ingesta de carne, harinas y azúcares refinados, además de proporcionarnos salud, contribuirá a reducir el maltrato animal y el negocio que las multinacionales agroalimentarias y farmacéuticas hacen enfermándonos y luego vendiéndonos antibióticos, protectores estomacales y antiácidos que, lejos de curarnos, atacan aún más la fertilidad natural que nos habita y cuida: el microbioma intestinal.

Pilar Galindo

 

Fuentes:

Microbiótica. Una revolución para salvar la Tierra y el ser humano. Ediciones i. Madrid 2014. 386 Páginas.
“El cáncer de colon achacado a la carne, se debe más bien a una flora intestinal dañada”. Paula M. Mirre. DSalud Discovery. Nº 189. Enero 2016. Pag 58-68.
“Cuida tu microbioma en el embarazo, esencial para la salud de tu hij@”.
«El intestino, nuestro segundo cerebro»

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