Limpieza hepática, toda una experiencia

“Los ayunos son beneficiosos, sales de ellos con mucha energía y con la piel estupenda”, me dijo una amiga. Cinco días tomando zumos de verduras y frutas. Los defensores del ayuno argumentan que sirve para eliminar tóxicos del organismo; mejorar el funcionamiento de los órganos depuradores (riñones, hígado, piel, etc.) y aumentar la salud. Algunas personas que lo realizan con regularidad, al menos una vez al año, me habían recomendado aprovechar una semana con poco trabajo y un fin de semana tranquilo.

En la Cesta Básica del 10 de agosto, Jesús, un consumidor vegetariano crudívoro que escribe en Tachai, me dijo: lo importante no es hacer ayuno, sino una limpieza del hígado que incluye también riñones, vesícula y colon. El hígado se encarga de eliminar los tóxicos pero, cuando la dieta está cargada de ellos, acaban quedándose en su interior. El hígado los “neutraliza”, generando piedras de grasa que encapsulan los tóxicos y, con el tiempo se van endureciendo. Cuando aparecen piedras en la vesícula, el hígado tiene más y desde hace más tiempo. Operar la vesícula elimina el síntoma, pero no la causa. Cuando el hígado se satura, empieza a funcionar mal y acaba afectando a otros órganos: riñón, vesícula, sistema linfático y huesos, etc. Con la limpieza hepática salen las piedras que se han ido formando con los malos hábitos alimentarios.

La limpieza hepática se realiza en un ciclo de una semana y, al menos, dos días más para volver a tu dieta habitual. Los primeros 5 días son de preparación. Si hacemos una dieta vegetariana crudívora ayudamos también a limpiar los riñones. El sexto día conviene hacer una limpieza de colon, yendo a una clínica especializada en hidroterapia de colon o, simplemente, utilizando una lavativa de agua caliente. El sexto y séptimo día constituyen la limpieza hepática propiamente dicha, con la ingestión de sales de Epson (sulfato de magnesio) -que se compran en farmacia o en herbolario- diluidas en agua y una mezcla emulsionada de aceite de oliva (virgen extra ecológico y prensado en frío) con zumo de limón. Al día siguiente, quedando aún dos tomas de sales de Epson, comienza la eliminación de las piedras procedentes del hígado y la vesícula. Uno o dos días después de esta limpieza se aconseja una limpieza de colon (o lavativa) para que las piedras y el barro que no hayan rebasado el colon sean expulsados y no reabsorbidos por el intestino. Jesús me recomendó que leyera el libro de Andreas Moritz “La limpieza hepática y de la vesícula” Ediciones Obelisco. PVP 13€.

Para la limpieza hepática, este compañero me dio algunas pautas crudívoras. No hace falta dejar de comer sólidos, pero sí eliminar determinados alimentos: legumbres, carnes, pescados, huevos y lácteos del grupo de las proteínas; arroz, pasta, pan y patatas del grupo de hidratos de carbono. Limitamos nuestra alimentación a frutas y verduras, más de las segundas que de las primeras por el azúcar que contienen. El azúcar acidifica la sangre y ésta lo compensa detrayendo minerales de nuestro organismo (calcio, hierro, etc.). Las verduras es mejor comerlas crudas que al vapor o cocidas, para evitar la destrucción de vitaminas y minerales. Si comes las verduras crudas, no hace falta reducir la actividad. El exceso de azúcar en la sangre provoca cierta euforia y cuando la sangre vuelve a su ph normal, te da un bajón. Las verduras, sin embargo, son alcalinas –como las pilas- y aportan hidratos de carbono de metabolismo lento y estable. También son apropiados para la preparación de la limpieza hepática los frutos secos, el aceite de oliva y el limón (que alcaliniza).

Esta conversación me decidió a sumar la experiencia de limpieza hepática -probando la reacción de mi organismo ante una dieta crudívora- a la apuesta de aumentar, este verano, el consumo de los productos de huerta (verduras y frutas de temporada, en plenitud de nutrientes, vitaminas y minerales).

A pesar de que el mes de julio ha sido tremendo de trabajo y agosto no apuntaba diferente, empecé el 12 de agosto. Mi dieta actual es ecológica y prácticamente ovo-lacto-vegetariana, aunque dos o tres veces al mes incluyo pescado o carne (ecológica). Al iniciar la cura suspendí la proteína animal, las legumbres, el kéfir del desayuno, el queso del final de algunas comidas y el pan integral con levadura madre (lo que más me costó). Me pareció demasiada renuncia quitar las frutas. El orden de ingesta para aprovechar bien los nutrientes sería: frutas, 2 platos de verduras crudas y, si acaso, algo de verduras cocidas, acabando con frutos secos. En el desayuno más simple: frutas diversas, pepino en rodajas y un tomate con aceite de oliva. No había mucha variación entre comidas y cenas pero sí dentro de cada comida con una ensalada como plato central, aliñada con aceite de oliva y vinagre de sidra en la que incluía algas –que aportan minerales bioasimilables en cantidades superiores a otros alimentos- maceradas con limón y ajedrea o albahaca o hierba buena.

La primera sensación fue positiva. Me gustaba y no me quedaba con hambre. Según avanzaban los días, llegaba sin hambre al plato de verdura cocida. Al masticar mucho más los alimentos por ser crudos, la sensación de saciedad llegaba antes. Tomaba en total 4 platos y de postre, un puñadito de frutos secos (sin sal y, sin tostar –al calentar las grasas se degradan-). En segundo lugar, podía mantener la actividad y hacer deporte a diario. En tercer lugar, aunque estaba con una menstruación abundante que se prolongó durante 8 días no me sentía debilitada por la hemorragia como otras veces. Todo lo contrario, lo llevaba bien.

Rebasé los 5 días porque no me atrevía a hacer la última fase. Moritz recomienda ir a un naturópata para que valore tu carga tóxica con un análisis de iris. Según avanzaban los días y me sentía bien con la dieta, fui ganando seguridad y decidí llegar hasta el final.

El día 28 de agosto -12 días más de los 5 recomendados-, inicié los dos últimos días de limpieza. El método Moritz emplea zumo de manzana o vinagre de sidra o ácido málico para ablandar las piedras. Yo había tomado vinagre de sidra en las ensaladas –y no un litro de zumo de manzana diario-, pero durante 17 días. Desayuné como los días anteriores. Comí algo de fruta y verdura cruda a las 14. A las 14:30 dejaba de ingerir alimentos. A las 18:30, primera toma de sales de Epson (se diluyen 4 cucharadas soperas de sales en ¾ de litro de agua y se dividen en 4 tomas). A las 20:30 la segunda. A las 21:45 horas me puse una lavativa. Me pareció insuficiente y me puse otra, 15 minutos después. Una vez limpio el intestino, preparé la mezcla de ½ vaso de 200 c.c de aceite de oliva y ¾ de zumo de limón. Me lo tomé al pié de la cama como recomienda Moritz. Me sorprendió que me gustara el sabor porque hay gente que no lo soporta. Me acosté. Eran las 22:30. Aunque tenía mucha expectación porque pueden producirse mareos o nauseas, no pasó nada. Tenía que estar sobre el lado derecho porque si me colocaba sobre el izquierdo me subía el sabor a aceite a la boca-. A las 8:30 de la mañana siguiente me tomé el tercer vaso de sales precedido de 2 vasos de agua porque tenía sed. Luego aclaré con otro sorbo de agua (las sales saben metálicas y me resultaba más desagradable el sabor en cada toma nueva). Volví a la cama, pero poco rato.

Empecé a ver los resultados en seguida. La primera vez que fui al baño salió mucho barro y pocas piedras pequeñas (del tamaño de semillas de sésamo). En las dos siguientes el barro desapareció, había más piedras y algunas de mayor tamaño. A las 10:30 tomé el último vaso de sales. Las evacuaciones siguientes contenían agua y más piedras, hasta la mitad de la tarde. En total expulsé cerca de treinta piedras de diversos colores (verdes, marrones y negras) y tamaños – como semillas de sésamo, pipas de sandía o garbanzos-. No sentí ningún dolor porque el vinagre de sidra y las sales de Epson favorecen el ensanchamiento de los conductos.

Dos horas después del último vaso de Sales de Epson, puedes empezar a comer, poco a poco lo que el cuerpo te vaya pidiendo. Las cantidades fueron pequeñas durante ese día y un poco más los dos siguientes. Por unos días sentí un cierto rechazo a los sabores fuertes, del vinagre, la cebolla y el ajo crudos e incluso el aceite crudo y el tomate que tanto me habían apetecido.

Seis días después de echar las piedras y 23 días desde que inicié la experiencia, siento más salud y energía que antes. He perdido entre 4 y 5 kilos que rebasaban mi peso normal. Aunque no continúo la dieta crudívora (desde ayer como también cereales, legumbres, pan, huevos y pescado), la proporción de vegetales crudos, que me apetecen sólo en cantidades pequeñas. Estoy impresionada con los resultados. Después de 15 años de alimentación ecológica, integral y de una dieta casi vegetariana en los últimos 3 años, sin fumar desde hace 10 y tomando sólo ½ vaso de vino tinto en las comidas, es sorprendente el número de piedras expulsadas.

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