No somos carnívoros

Para quienes duden acerca de si fue la dieta carnívora la que nos hizo humanos y si esa dieta es la que debemos seguir manteniendo hoy, os dejamos algunas razones que la desmienten.

La evolución de nuestra especie nos sitúa en el orden de los primates, dentro de la familia de los homínidos. Somos, por tanto, parte de la naturaleza y es gracias a ella que estamos vivos, no exclusivamente por razones de pura y dura sobrevivencia. Aunque gracias a la(s) cultura(s) que hemos desarrollado, es decir, a nuestra capacidad simbólica de transmitir conocimientos que también compartimos con chimpancés, gorilas y orangutanes -no obstante cada uno con sus peculiaridades-, conocer bien cómo funciona nuestro aparato digestivo a la luz de las pueblas evolutivas a nuestro alcance es un ejercicio la mar de saludable.

Primero, aclarar que nuestra alimentación depende tanto de factores ecológicos, biológicos como culturales. Los primeros homínidos tenían una dieta herbívora, posteriormente y por causas eco-estructurales del medio la dieta se hizo omnívora, que no carnívora.

Segundo, centrándonos en los aspectos biológico-evolutivos de nuestra especie, afirmar que nuestra dentición no está preparada, como en el caso de los carnívoros, a desgarrar y masticar la carne animal, tampoco nuestra insalivación. La digestión de los animales carnívoros implica la permanencia en el estómago durante 4-5 horas de la carne cruda bombardeada por ingentes cantidades de ácido clorhídrico cuya masa pasa a un intestino delgado de longitud más corta que la nuestra: no lo necesitan. En cambio, para el homo sapiens el tiempo de permanencia de los alimentos en el estómago es de una o dos horas porque es en nuestro intestino delgado donde terminamos de metabolizar las proteínas. Nuestro metabolismo no está adaptado a una dieta muy rica en proteínas cárnicas, que resulta tóxica a largo plazo; necesitamos también de minerales, vitaminas, carbohidratos y grasas de origen vegetal.

Tercero, todo lo anterior lleva a una parte de la comunidad científica a concluir que el cambio de la dieta herbívora a la omnívora se produjo por factores ambientales-evolutivos contingentes, no porque nuestros tubos digestivos estuvieran -y estén hasta hoy- preparados para una dieta carnívora.
Finalmente, afirmar que la mayoría de la carne que hoy consume, desgraciadamente la mayoría de la población, está plagada de antibióticos y pesticidas provenientes de lo que les dan de comer a los animales que nos comemos.

La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, en su último informe, califica la carne procesada como “carcinógena para huma¬nos” y la carne roja como “probable carcinógeno humano”.

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