
Menú equilibrado en alimentos ácidos y alcalinos
El sedentarismo y una dieta cargada de alimentos ácidos no son saludables. Es importante oxigenar nuestras células con el ejercicio físico y con alimentos que no acidifiquen nuestro organismo.
La práctica del ejercicio físico podemos afrontarlo con el deseo y la voluntad, pero a la hora de pensar en qué comemos cada día para elaborar un menú saludable, el deseo y la voluntad tienen que ir acompañados de una buena y sensata elección de los alimentos con los que llenaremos nuestra nevera y la despensa.
El tiempo que no dediquemos a la planificación de nuestra compra inteligente y a la cocina saludable, lo gastaremos tarde o temprano en médicos, botica y cuidados de enfermedades relacionadas con la alimentación.
Algunos estudios sobre la enfermedad del cáncer nos advierten sobre una de sus causas primarias. Nos referimos a la ingesta de alimentos ácidos y alcalinos. Os dejamos aquí un artículo que lo explica: La causa primaria del cáncer
Es importante no generar en nuestro cuerpo entornos ácidos, luego, es recomendable la ingesta de los alcalinos. ¿Cuáles son? Pues todas las verduras y frutas tomadas preferentemente crudas, cereales integrales, miel, la clorofila de las plantas y el agua.
Los alimentos ácidos son el azúcar, la carne, la leche, la sal, las harinas refinadas, los productos de panadería industrial, margarinas, refrescos, café, alcohol, tabaco, medicinas, alimentos cocinados y envasados.
¿Cómo elaborar un menú teniendo en cuenta esto? Primero, estar dispuesta/o a cambiar algunos hábitos poco saludables y sustituir poco a poco en nuestras comidas unos alimentos por otros.
En el desayuno
Introducir la fruta y alguna hortaliza, tomada entera en plato o en batidos verdes. Por ejemplo, batido de una rama de apio, manzana, plátano y zanahoria con agua, ¡una delicia!
En los tentempiés
Importante no llegar a la comida o cena muert@s de hambre. Entre medias, la fruta de temporada o los frutos secos son unos buenos aliados para matar los gusanillos y para no caer en la tentación de los pinchos y tapas. Sí, son deliciosos, pero también unas bombas calóricas, pongámoslos en nuestra dieta en el apartado de esporádicos.
En las comidas
Cambiar las tornas. Que tu primer plato sean las frutas y verduras frescas, ¿has combinado en la ensalada alguna vez las frutas con las hortalizas? ¡Atrévete y experimenta! No sabes lo que te pierdes. Para el segundo quitarse de la cabeza la costumbre que deba ser siempre carne o pescado. Las legumbres, el arroz, las patatas, quinua o amaranto aportan proteínas vegetales de primer orden.
En las cenas
Livianas. Mejor no meter al cuerpo proteína. Las ensaladas y cremas de verduras son las más adecuadas. Irnos a la cama con el estómago muy lleno cuando nuestro organismo entra en la fase de descanso, le obligamos a trabajar más de la cuenta cuando el pobre ya no da para más del cansancio de todo el día.
La clave está en ir tomando poco a poco el gusto a los vegetales frescos a cualquier hora del día y transformarlo en un hábito, ser imaginativas/os en la cocina y no dejarnos engañar por los cantos de las “malas sirenas” de los congelados o platos preparados que han perdido todos sus nutrientes por el camino, vete a saber desde dónde.
Por último, el sabor de las frutas y verduras sólo se saborean si son ecológicas. Ya sabes que en La Garbancita todos nuestros productos son ecológicos.
B.M.